¨Camino¨
Mostrando entradas con la etiqueta Serie Forja (San Josemaría Escrivá). Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Serie Forja (San Josemaría Escrivá). Mostrar todas las entradas
martes, 1 de septiembre de 2015
Forja: Eternidad (Capítulo 13, Último)
987
Un hijo de Dios no tiene ni miedo a la vida, ni miedo a la muerte, porque el fundamento de su vida espiritual es el sentido de la filiación divina: Dios es mi Padre, piensa, y es el Autor de todo bien, es toda la Bondad.
—Pero, ¿tú y yo actuamos, de verdad, como hijos de Dios?
988
Me llenó de gozo ver que comprendías lo que te dije: tú y yo tenemos que obrar y vivir y morir como enamorados, y "viviremos" así eternamente.
989
El Señor vence siempre. —Si eres instrumento suyo, también tú vencerás, porque lucharás los combates de Dios.
990
La santidad consiste precisamente en esto: en luchar, por ser fieles, durante la vida; y en aceptar gozosamente la Voluntad de Dios, a la hora de la muerte.
991
Cuando recibas al Señor en la Eucaristía, agradécele con todas las veras de tu alma esa bondad de estar contigo.
—¿No te has detenido a considerar que pasaron siglos y siglos, para que viniera el Mesías? Los patriarcas y los profetas pidiendo, con todo el pueblo de Israel: ¡que la tierra tiene sed, Señor, que vengas!
—Ojalá sea así tu espera de amor.
992
También en estos tiempos, a despecho de los que niegan a Dios, la tierra está muy cerca del Cielo.
993
Escribías: "“simile est regnum cælorum —el Reino de los Cielos es semejante a un tesoro... Este pasaje del Santo Evangelio ha caído en mi alma echando raíces. Lo había leído tantas veces, sin coger su entraña, su sabor divino".
¡Todo..., todo se ha de vender por el hombre discreto, para conseguir el tesoro, la margarita preciosa de la Gloria!
994
Ponte en coloquio con Santa María, y confíale: ¡oh, Señora!, para vivir el ideal que Dios ha metido en mi corazón, necesito volar... muy alto, ¡muy alto!
No basta despegarte, con la ayuda divina, de las cosas de este mundo, sabiendo que son tierra. Más incluso: aunque el universo entero lo coloques en un montón bajo tus pies, para estar más cerca del Cielo..., ¡no basta!
Necesitas volar, sin apoyarte en nada de aquí, pendiente de la voz y del soplo del Espíritu. —Pero, me dices, ¡mis alas están manchadas!: barro de años, sucio, pegadizo...
Y te he insistido: acude a la Virgen. Señora —repíteselo—: ¡que apenas logro remontar el vuelo!, ¡que la tierra me atrae como un imán maldito! —Señora, Tú puedes hacer que mi alma se lance al vuelo definitivo y glorioso, que tiene su fin en el Corazón de Dios.
—Confía, que Ella te escucha.
995
Piensa qué grato es a Dios Nuestro Señor el incienso que en su honor se quema; piensa también en lo poco que valen las cosas de la tierra, que apenas empiezan ya se acaban...
En cambio, un gran Amor te espera en el Cielo: sin traiciones, sin engaños: ¡todo el amor, toda la belleza, toda la grandeza, toda la ciencia...! Y sin empalago: te saciará sin saciar.
996
¡Visión sobrenatural! ¡Calma! ¡Paz! Mira así las cosas, las personas y los sucesos..., con ojos de eternidad.
Entonces, cualquier muro que te cierre el paso —aunque, humanamente hablando, sea imponente—, en cuanto alces los ojos de veras al Cielo, ¡qué poca cosa es!
997
Si estamos cerca de Cristo y seguimos sus pisadas, hemos de amar de todo corazón la pobreza, el desprendimiento de los bienes terrenos, las privaciones.
998
En la vida espiritual, muchas veces hay que saber perder, cara a la tierra, para ganar en el Cielo. —Así se gana siempre.
999
Mienten los hombres cuando dicen "para siempre" en cosas temporales. Sólo es verdad, con una verdad total, el "para siempre" de la eternidad.
—Y así has de vivir tú, con una fe que te haga sentir sabores de miel, dulzuras de cielo, al pensar en esa eternidad, ¡que sí es para siempre!
1000
Si no hubiera más vida que ésta, la vida sería una broma cruel: hipocresía, maldad, egoísmo, traición.
1001
Sigue adelante, con alegría, con esfuerzo, aun siendo tan poca cosa, ¡nada!
—Con El, nadie te parará en el mundo. Piensa, además, que todo es bueno para los que aman a Dios: en esta tierra, se puede arreglar todo, menos la muerte: y para nosotros la muerte es Vida.
1002
Por salvar al hombre, Señor, mueres en la Cruz; y, sin embargo, por un solo pecado mortal, condenas al hombre a una eternidad infeliz de tormentos...: ¡cuánto te ofende el pecado, y cuánto lo debo odiar!
1003
Asegura Santa Teresa que "quien no hace oración no necesita demonio que le tiente; en tanto que, quien tiene tan sólo un cuarto de hora al día, necesariamente se salva"..., porque el diálogo con el Señor —amable, aun en los tiempos de aspereza o de sequedad del alma— nos descubre el auténtico relieve y la justa dimensión de la vida.
Sé alma de oración.
1004
"Luego tú eres rey"... —Sí, Cristo es el Rey, que no sólo te concede audiencia cuando lo deseas, sino que, en delirio de Amor, hasta abandona —¡ya me entiendes!— el magnífico palacio del Cielo, al que tú aún no puedes llegar, y te espera en el Sagrario.
—¿No te parece absurdo no acudir presuroso y con más constancia a hablar con El?
1005
Cada vez estoy más persuadido: la felicidad del Cielo es para los que saben ser felices en la tierra.
1006
Veo con meridiana claridad la fórmula, el secreto de la felicidad terrena y eternal: no conformarse solamente con la Voluntad de Dios, sino adherirse, identificarse, querer —en una palabra—, con un acto positivo de nuestra voluntad, la Voluntad divina.
—Este es el secreto infalible —insisto— del gozo y de la paz.
1007
Cuántas veces te verás inundado, borracho de gracia de Dios: ¡qué gran pecado, si no correspondes!
1008
En la hora de la tentación, ejercita la virtud de la Esperanza, diciendo: para descansar y gozar, una eternidad me aguarda; ahora, lleno de Fe, a ganar con el trabajo, el descanso; y, con el dolor, el goce... ¿Qué será el Amor, en el Cielo?
Mejor aún, ejercita el Amor, reaccionando así: quiero dar gusto a mi Dios, a mi Amado, cumpliendo su Voluntad en todo..., como si no hubiera premio ni castigo: solamente por agradarle.
1009
Cuando —a veces, como un relámpago; en ocasiones, como una mosca sucia y pesada, a la que se echa y vuelve— venga a desazonarte el pensamiento de que te falta rectitud de intención, haz siempre, y enseguida, actos contrarios..., y sigue trabajando tranquilo, por El y con El.
—De paso, aunque te parezca que lo pronuncias sólo con los labios, di despacio: Señor, para mí nada quiero. Todo para tu gloria y por tu Amor.
1010
Igual te da estar aquí que en la China, me dices.
—Pues procura estar donde cumplas la Santa Voluntad de Dios.
1011
De ti depende también que muchos no permanezcan en las tinieblas, y caminen por senderos que llevan hasta la vida eterna.
1012
Acostúmbrate a encomendar a cada una de las personas que tratas a su Angel Custodio, para que le ayude a ser buena y fiel, y alegre; para que pueda recibir, a su tiempo, el eterno abrazo de Amor de Dios Padre, de Dios Hijo, de Dios Espíritu Santo y de Santa María.
1013
Como el grano de trigo, tenemos necesidad de la muerte para ser fecundos.
Tú y yo queremos abrir, con la gracia de Dios, un surco hondo y luminoso. Por eso, hemos de dejar al pobre hombre animal y lanzarnos por los campos del espíritu, dando sentido sobrenatural a todas las tareas humanas y, a la vez, a los hombres que allí trabajan.
1014
Jesús: que mis distracciones sean distracciones al revés: en lugar de acordarme del mundo, cuando trate Contigo, que me acuerde de Ti, al tratar las cosas del mundo.
1015
Te has asustado un poco al ver tanta luz..., tanta que se te antoja difícil mirar, y aun ver.
—Cierra los ojos a tu evidente miseria; abre la mirada de tu alma a la fe, a la esperanza, al amor, y sigue adelante, dejándote guiar por El, a través de quien dirige tu alma.
1016
¡Sé generoso! No le pidas a Jesús ¡ni un consuelo!
—¿Por qué?, me has preguntado. Porque, te he respondido, bien sabes que, aunque parezca que este Dios Nuestro está lejos, ¡está de asiento en el centro de tu alma, poniendo relieve divino en tu vida entera!
1017
Te contaba que hasta personas que no han recibido el bautismo me han dicho conmovidas: "es verdad, yo comprendo que las almas santas tienen que ser felices, porque miran los sucesos con una visión que está por encima de las cosas de la tierra, porque ven las cosas con ojos de eternidad".
¡Ojalá no te falte esta visión! —añadí después—, para que seas consecuente con el trato de predilección que de la Trinidad has recibido.
1018
Te aseguro que, si los hijos de Dios queremos, contribuiremos poderosamente a iluminar el trabajo y la vida de los hombres, con el resplandor divino —¡eterno!— que el Señor ha querido depositar en nuestras almas.
—Pero "quien dice que mora en Jesús, debe seguir el camino que El siguió", como enseña San Juan: camino que conduce siempre a la gloria, pasando —siempre también— a través del sacrificio.
1019
¡Qué desencanto para los que vieron la luz del pseudoapóstol, y quisieron salir de sus tinieblas acercándose a esa claridad! Han corrido para llegar. Quizá dejaron por el camino jirones de su piel... Algunos, en su ansia de luz, abandonaron también jirones de su alma... Ya están junto al pseudoapóstol: frío y oscuridad. Frío y oscuridad, que acabarán de llenar los corazones rotos de quienes, por un momento, creyeron en el ideal.
Mala obra ha hecho el pseudoapóstol: esos hombres decepcionados, que vinieron a trocar la carne de sus entrañas por una brasa ardiente, por un pasmoso rubí de caridad, bajan de nuevo a la tierra de donde vinieron..., bajan con el corazón apagado, con un corazón que no es corazón..., es un pedazo de hielo envuelto en tinieblas que llegarán a nublar su cerebro.
Falso apóstol de las paradojas, ésa es tu obra: porque tienes a Cristo en tu lengua y no en tus hechos; porque atraes con una luz, de que careces; porque no tienes calor de caridad, y finges preocuparte de los extraños a la vez que abandonas a los tuyos; porque eres mentiroso y la mentira es hija del diablo... Por eso, trabajas para el demonio, desconciertas a los seguidores del Amo, y, aunque triunfes aquí con frecuencia, ¡ay de ti, el próximo día, cuando venga nuestra amiga la Muerte y veas la ira del Juez a quien nunca has engañado! —Paradojas, no, Señor: paradojas, nunca.
1020
Este es el camino seguro: por la humillación, hasta la Cruz; desde la Cruz, con Cristo a la Gloria inmortal del Padre.
1021
¡Cómo me hizo gozar la epístola de ese día! El Espíritu Santo, por San Pablo, nos enseña el secreto de la inmortalidad y de la Gloria. Los hombres todos sentimos ansias de perdurar.
Querríamos hacer eternos los instantes de nuestra vida, que reputamos felices. Querríamos glorificar nuestra memoria... Querríamos la inmortalidad para nuestros ideales. Por eso, en los momentos de aparente felicidad, al tener algo que consuela nuestro desamparo, todos, naturalmente, decimos y deseamos: para siempre, para siempre...
¡Qué sabiduría la del demonio! ¡Qué bien conocía el corazón humano! Seréis como dioses, les dijo a los primeros padres. Aquello fue un engaño cruel. San Pablo, en esta epístola a los Filipenses, enseña un divino secreto, para tener la inmortalidad y la Gloria: se anonadó Jesús, tomando forma de siervo... Se humilló a sí mismo haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de Cruz. Por lo cual, Dios lo exaltó y le dio un nombre que está por encima de todo nombre: para que ante el nombre de Jesús se arrodillen todos en los Cielos y en la tierra y en los infiernos...
1022
Para acompañar a Cristo en su Gloria, en el triunfo final, es necesario que participemos antes en su holocausto, y que nos identifiquemos con El, muerto en el Calvario.
1023
No te distraigas, no dejes suelta la imaginación: vive dentro de ti y estarás más cerca de Dios.
1024
Ayúdame a repetirlo al oído de aquél, y del otro..., y de todos: el pecador, que tenga fe, aunque consiga todas las bienaventuranzas de la tierra, necesariamente es infeliz y desgraciado.
Es verdad que el motivo que nos ha de llevar a odiar el pecado, aun el venial, el que debe mover a todos, es sobrenatural: que Dios lo aborrece con toda su infinidad, con odio sumo, eterno y necesario, como mal opuesto al infinito bien...; pero la primera consideración, que te he apuntado, nos puede conducir a esta última.
1025
Tanto tendrás de santidad, cuanto tengas de mortificación por Amor.
1026
Se había desatado la persecución violenta. Y aquel sacerdote rezaba: Jesús, que cada incendio sacrílego aumente mi incendio de Amor y Reparación.
1027
Al considerar la hermosura, la grandeza y la eficacia de la tarea apostólica, aseguras que llega a dolerte la cabeza, pensando en el camino que queda por recorrer —¡cuántas almas esperan!—; y te sientes felicísimo, ofreciéndote a Jesús por esclavo suyo. Tienes ansias de Cruz y de dolor y de Amor y de almas. Sin querer, en movimiento instintivo —que es Amor—, extiendes los brazos y abres las palmas, para que El te cosa a su Cruz bendita: para ser su esclavo —“serviam!—, que es reinar.
1028
Me conmovió la súplica encendida que salió de tus labios: "Dios mío: sólo deseo ser agradable a tus ojos: todo lo demás no me importa. —Madre Inmaculada, haz que me mueva exclusivamente el Amor".
1029
Pide de todo corazón la muerte, y mil muertes, antes que ofender a tu Dios.
Y esto, no por las penas del pecado —que tanto merecemos—, sino porque Jesús ha sido y es tan bueno contigo.
1030
Dios mío: ¿cuándo te querré a Ti, por Ti? Aunque, bien mirado, Señor, desear el premio perdurable es desearte a Ti, que Te das como recompensa.
1031
Gustad y ved qué bueno es el Señor, reza el Salmista.
—La conquista espiritual, porque es Amor, ha de ser —en lo grande y en lo pequeño— ansia de Infinito, de eternidad.
1032
Jesús, no quiero pensar lo que será el "mañana", porque no quiero poner límites a tu generosidad.
1033
Haz tuyos los pensamientos de aquel amigo, que escribía: "estuve considerando las bondades de Dios conmigo y, lleno de gozo interior, hubiera gritado por la calle, para que todo el mundo se enterara de mi agradecimiento filial: ¡Padre, Padre! Y, si no gritando, por lo bajo anduve llamándole así —¡Padre!—, muchas veces, seguro de agradarle.
—Otra cosa no busco; sólo quiero su agrado y su Gloria: todo para El. Si quiero la salvación, la santificación mía, es porque sé que El la quiere. Si, en mi vida de cristiano, tengo ansias de almas, es porque sé que El tiene esas ansias. De verdad lo digo: nunca he de poner los ojos en el premio. No deseo recompensa: ¡todo por Amor!"
1034
¡Cómo amaba la Voluntad de Dios aquella enferma a la que atendí espiritualmente!: veía en la enfermedad, larga, penosa y múltiple (no tenía nada sano), la bendición y las predilecciones de Jesús: y, aunque afirmaba en su humildad que merecía castigo, el terrible dolor que en todo su organismo sentía no era un castigo, era una misericordia.
—Hablamos de la muerte. Y del Cielo. Y de lo que había de decir a Jesús y a Nuestra Señora... Y de cómo desde allí "trabajaría" más que aquí... Quería morir cuando Dios quisiera..., pero —exclamaba, llena de gozo— ¡ay, si fuera hoy mismo! Contemplaba la muerte con la alegría de quien sabe que, al morir, se va con su Padre.
1035
No temas la muerte. ¡Es tu amiga!
—Procura acostumbrarte a esa realidad, asomándote con frecuencia a tu sepultura: y allí, mira, huele y palpa tu cadáver podrido, de ocho días difunto.
—Esto recuérdalo, de modo especial, cuando el ímpetu de tu carne te perturbe.
1036
Al abrirme su alma, decía: "pensaba estos días en la muerte, como en un descanso, a pesar de mis crímenes. Y consideraba: si me comunicaran: “ha llegado la hora de morir, con qué gusto contestaría: “ha llegado la hora de Vivir".
1037
Morir es una cosa buena. ¿Cómo puede ser que haya quien tenga fe y, a la vez, miedo a la muerte?... Pero mientras el Señor te quiera mantener en la tierra, morir, para ti, es una cobardía. Vivir, vivir y padecer y trabajar por Amor: esto es lo tuyo.
1038
Siquiera una vez al día, ponte con el pensamiento en trance de muerte, para ver con esa luz los sucesos de cada jornada.
Te aseguro que tendrás una buena experiencia de la paz que esa consideración produce.
1039
Te quedaste muy serio al escucharme: acepto la muerte cuando El quiera, como El quiera y donde El quiera; y a la vez pienso que es "una comodidad" morir pronto, porque hemos de desear trabajar muchos años para El y, por El, en servicio de los demás.
1040
¿Morirse?... ¡Qué comodidad!, repito.
—Como aquel santo obispo, anciano y enfermo, di: “non recuso laborem: Señor, mientras te pueda ser útil, no rehúso vivir y trabajar por Ti.
1041
No quieras hacer nada por ganar mérito, ni por miedo a las penas del purgatorio: todo, hasta lo más pequeño, desde ahora y para siempre, empéñate en hacerlo por dar gusto a Jesús.
1042
Desea ardientemente que, cuando nuestra buena e inevitable hermana la muerte venga a hacerte el servicio de llevarte ante Dios, ¡no te encuentres atado a cosa alguna de la tierra!
1043
Si anhelas tener vida, y vida y felicidad eternas, no puedes salirte de la barca de la Santa Madre Iglesia. —Mira: si tú te alejas del ámbito de la barca, te irás entre las olas del mar, vas a la muerte, anegado en el océano; dejas de estar con Cristo, pierdes su amistad, que voluntariamente elegiste cuando te diste cuenta de que El te la ofrecía.
1044
Jesús vino a la tierra para padecer..., y para evitar los padecimientos —también los terrenos— de los demás.
1045
¡No hay mejor señorío que saberse en servicio: en servicio voluntario a todas las almas!
—Así es como se ganan los grandes honores: los de la tierra y los del Cielo.
1046
Ante el dolor y la persecución, decía un alma con sentido sobrenatural: "¡prefiero que me peguen aquí, a que me peguen en el purgatorio!"
1047
Si amo, para mí no habrá infierno.
1048
¡Qué bueno es vivir de Dios! ¡Qué bueno es no querer más que su Gloria!
1049
Si quieres de veras alcanzar vida y honor eternos, aprende a prescindir en muchos casos de tus nobles ambiciones personales.
1050
No pongas tu "yo" en tu salud, en tu nombre, en tu carrera, en tu ocupación, en cada paso que das... ¡Qué cosa tan molesta! Parece que te has olvidado de que "tú" no tienes nada, todo es de El.
Cuando a lo largo del día te sientas —quizá sin motivo— humillado; cuando pienses que tu criterio debería prevalecer; cuando percibas que en cada instante borbota tu "yo", lo tuyo, lo tuyo, lo tuyo..., convéncete de que estás matando el tiempo, y de que estás necesitando que "maten" tu egoísmo.
1051
Te aconsejo que no busques la alabanza propia, ni siquiera la que merecerías: es mejor pasar oculto, y que lo más hermoso y noble de nuestra actividad, de nuestra vida, quede escondido... ¡Qué grande es este hacerse pequeños!: “Deo omnis gloria! —toda la gloria, para Dios.
1052
En momentos de desconsuelo, le decía al Señor aquella alma: "Jesús mío, ¿qué iba a darte, fuera de la honra, si no tenía otra cosa? Si hubiera tenido fortuna, te la habría entregado. Si hubiera tenido virtudes, con cada una edificaría, para servirte. Sólo tenía la honra, y te la di. ¡Bendito seas! ¡Bien se ve que estaba segura en tus manos!"
1053
El barro fue mi principio y la tierra es la herencia de todo mi linaje.
¿Quién, sino Dios, merece alabanza?
1054
Cuando sientas el orgullo que hierve dentro de ti —¡la soberbia!—, que te hace considerarte como un superhombre, ha llegado el momento de exclamar: ¡no! Y así, saborearás la alegría del buen hijo de Dios, que pasa por la tierra con errores, pero haciendo el bien.
1055
“Sancta Maria, Stella maris —Santa María, Estrella del mar, ¡condúcenos Tú!
—Clama así con reciedumbre, porque no hay tempestad que pueda hacer naufragar el Corazón Dulcísimo de la Virgen. Cuando veas venir la tempestad, si te metes en ese Refugio firme, que es María, no hay peligro de zozobra o de hundimiento.
FIN
San Josemaría Escrivá de Balaguer
jueves, 27 de agosto de 2015
Forja: Fecundidad (Capítulo 12)
912
Corresponde al amor divino siendo fiel, ¡muy fiel!; y, como consecuencia de esta fidelidad, lleva el Amor recibido a otras personas, para que también gocen del encuentro con Dios.
913
Señor mío Jesús: haz que sienta, que secunde de tal modo tu gracia, que vacíe mi corazón..., para que lo llenes Tú, mi Amigo, mi Hermano, mi Rey, mi Dios, ¡mi Amor!
914
Si no muestras —con tu oración, con tu sacrificio, con tu acción— una constante preocupación de apostolado, es señal evidente de que te falta felicidad y de que ha de aumentar tu fidelidad.
—El que tiene la felicidad, el bien, procura darlo a los demás.
915
Cuando pisotees de veras tu propio yo y vivas para los demás, entonces serás instrumento apto en las manos de Dios.
El ha llamado —llama— a sus discípulos, y les manda: “ut eatis! —id a buscar a todos.
916
Decídete a encender el mundo —puedes— en amores limpios, para hacer dichosa a la humanidad entera, acercándola de verdad a Dios.
917
“In modico fidelis! —fiel en lo poco... —Tu labor, hijo mío, no es sólo salvar almas, sino santificarlas, día a día, dando a cada instante —aun a los aparentemente vulgares— vibración de eternidad.
918
No cabe separar la semilla de la doctrina de la semilla de la piedad.
Tu labor de sembrador de doctrina podrá evitar los microbios que la hagan ineficaz, sólo si eres piadoso.
919
Así como la inmensa maquinaria de docenas de fábricas se para, se queda sin fuerza, cuando la corriente eléctrica se interrumpe, también el apostolado deja de ser fecundo sin la oración y la mortificación, que mueven el Corazón Sacratísimo de Cristo.
920
Si eres fiel a los impulsos de la gracia, darás buenos frutos: frutos duraderos para la gloria de Dios.
—Ser santo entraña ser eficaz, aunque el santo no toque ni vea la eficacia.
921
La rectitud de intención está en buscar "sólo y en todo" la gloria de Dios.
922
El apostolado —manifestación evidente de vida espiritual— es ese aletear constante que hace sobrenaturalizar cada detalle —grande o pequeño— de la jornada, por el amor a Dios que se pone en todo.
923
Siempre llevaba, como registro en los libros que le servían de lectura, una tira de papel con este lema, escrito en amplios y enérgicos caracteres: “Ure igne Sancti Spiritus! —Se diría que, en lugar de escribir, grababa: ¡quema con el fuego del Espíritu Santo!
Esculpido en tu alma y encendido en tu boca y prendido en tus obras, cristiano, querría dejar yo ese fuego divino.
924
Procura ser un niño con santa desvergüenza, que "sabe" que su Padre Dios le manda siempre lo mejor.
Por eso, cuando le falta hasta lo que parece más necesario, no se apura; y, lleno de paz, dice: me queda y tengo al Espíritu Santo.
925
Cuídame tu oración diaria por esta intención: que todos los católicos seamos fieles, que nos decidamos a luchar para ser santos.
—¡Es lógico!, ¿qué vamos a desear para los que queremos, para los que están atados a nosotros por la fuerte atadura de la fe?
926
Cuando me dicen que hay personas entregadas a Dios que ya no se aplican fervorosamente a la santidad, pienso que eso —si hubiera algo de cierto— conducirá al gran fracaso de sus vidas.
927
“Qui sunt isti, qui ut nubes volant, et quasi columbæ ad fenestras suas? —¿quiénes son ésos que vuelan como nubes, como las palomas hacia sus nidos?, pregunta el Profeta. Y comenta un autor: "las nubes traen su origen del mar y de los ríos, y después de una circulación o carrera más o menos larga, vuelven otra vez a su fuente".
Y te añado: así has de ser tú: nube que fecunde el mundo, haciéndole vivir vida de Cristo... Estas aguas divinas bañarán —empapándolas— las entrañas de la tierra; y, en lugar de ensuciarse, se filtrarán al atravesar tanta impureza, y manarán fuentes limpísimas, que luego serán arroyos y ríos inmensos para saciar la sed de la humanidad. —Después, retírate a tu Refugio, a tu Mar inmenso, a tu Dios, sabiendo que seguirán madurando más frutos, con el riego sobrenatural de tu apostolado, con la fecundidad de las aguas de Dios, que durarán hasta el fin de los tiempos.
928
Niño: ofrécele también las penas y los dolores de los demás.
929
¿Penas?, ¿contradicciones por aquel suceso o el otro?... ¿No ves que lo quiere tu Padre-Dios..., y El es bueno..., y El te ama —¡a ti solo!— más que todas las madres juntas del mundo pueden amar a sus hijos?
930
Examina con sinceridad tu modo de seguir al Maestro. Considera si te has entregado de una manera oficial y seca, con una fe que no tiene vibración; si no hay humildad, ni sacrificio, ni obras en tus jornadas; si no hay en ti más que fachada y no estás en el detalle de cada instante..., en una palabra, si te falta Amor.
Si es así, no puede extrañarte tu ineficacia. ¡Reacciona enseguida, de la mano de Santa María!
931
Cuando tengas alguna necesidad, alguna contradicción —pequeña o grande—, invoca a tu Angel de la Guarda, para que la resuelva con Jesús o te haga el servicio de que se trate en cada caso.
932
Dios está metido en el centro de tu alma, de la mía, y en la de todos los hombres en gracia. Y está para algo: para que tengamos más sal, y para que adquiramos mucha luz, y para que sepamos repartir esos dones de Dios, cada uno desde su puesto.
¿Y cómo podremos repartir esos dones de Dios? Con humildad, con piedad, bien unidos a nuestra Madre la Iglesia.
—¿Te acuerdas de la vid y de los sarmientos? ¡Qué fecundidad la del sarmiento unido a la vid! ¡Qué racimos generosos! ¡Y qué esterilidad la del sarmiento separado, que se seca y pierde la vida!
933
Jesús, que mi pobre corazón se llene del océano de tu Amor, con oleadas tales que limpien y expulsen de mí toda mi miseria... Vierte las aguas purísimas y ardientes de tu Corazón en el mío, hasta que, satisfecha mi ansia de amarte, no pudiendo represar más afectos de divino incendio, se rompa —¡morir de Amor!—, y salte ese Amor tuyo, en cataratas vivificadoras e irresistibles y fecundísimas, a otros corazones que vibren, al contacto de tales aguas, con vibraciones de Fe y de Caridad.
934
¡Vive la Santa Misa!
—Te ayudará aquella consideración que se hacía un sacerdote enamorado: ¿es posible, Dios mío, participar en la Santa Misa y no ser santo?
—Y continuaba: ¡me quedaré metido cada día, cumpliendo un propósito antiguo, en la Llaga del Costado de mi Señor!
—¡Anímate!
935
¡Cuánto bien y cuánto mal puedes hacer!
—Bien, si eres humilde y te sabes entregar con alegría y con espíritu de sacrificio; bien, para ti y para tus hermanos los hombres, para la Iglesia, para esta Madre buena.
—Y cuánto mal, si te guías por tu soberbia.
936
¡No te me aburgueses, porque —si estás aburguesado— estorbas, te conviertes en un peso muerto para el apostolado, y sobre todo en un motivo de dolor para el Corazón de Cristo!
No dejes de hacer apostolado, no abandones tu esfuerzo por trabajar del mejor modo posible, no descuides tu vida de piedad.
—El resto, lo hará Dios.
937
De vez en cuando, en las almas hay que hacer como con la lumbre del hogar: se mete un atizador de hierro, y se remueve, para sacar la escoria, que es lo que más brilla y la causa de que se apague el fuego del amor de Dios.
938
Iremos a Jesús, al Tabernáculo, a conocerle, a digerir su doctrina, para entregar ese alimento a las almas.
939
Cuando tengas al Señor en tu pecho y gustes de los delirios de su Amor, prométele que te esforzarás por cambiar el rumbo de tu vida en todo lo que sea necesario, para llevarle a la muchedumbre, que no le conoce, que anda vacía de ideales; que, desgraciadamente, camina animalizada.
940
"Donde hay caridad y amor, allí está Dios", canta el himno litúrgico. Y así pudo anotar aquella alma: "es un tesoro grande y maravilloso este amor fraternal, que no se queda sólo en un consuelo —necesario muchas veces—, sino que transmite la seguridad de tener a Dios cerca, y se manifiesta por la caridad de los que nos rodean y con los que nos rodean".
941
¡Huye del espectáculo!: que tu vida la conozca Dios, porque la santidad pasa inadvertida, aunque llena de eficacia.
942
Procura prestar tu ayuda sin que lo noten, sin que te alaben, sin que nadie te vea..., para que, pasando oculto, como la sal, condimentes los ambientes en que te desenvuelves; y contribuyas a lograr que todo sea —por tu sentido cristiano— natural, amable y sabroso.
943
Para que este mundo nuestro vaya por un cauce cristiano —el único que merece la pena—, hemos de vivir una leal amistad con los hombres, basada en una previa leal amistad con Dios.
944
Me has oído hablar muchas veces del apostolado “ad fidem.
No he cambiado de opinión: ¡qué maravilloso campo de trabajo nos espera en todo el mundo, con los que no conocen la verdadera fe y, sin embargo, son nobles, generosos y alegres!
945
Con frecuencia, siento ganas de gritar al oído de tantas y de tantos que, en la oficina y en el comercio, en el periódico y en la tribuna, en la escuela, en el taller y en las minas y en el campo, amparados por la vida interior y por la Comunión de los Santos, han de ser portadores de Dios en todos los ambientes, según aquella enseñanza del Apóstol: "glorificad a Dios con vuestra vida y llevadle siempre con vosotros".
946
Los que tenemos la verdad de Cristo en el corazón hemos de meter esta verdad en el corazón, en la cabeza y en la vida de los demás. Lo contrario sería comodidad, táctica falsa.
Piénsalo de nuevo: a ti, ¿te pidió permiso Cristo para meterse en tu alma? —Te dejó la libertad de seguirle, pero te buscó El, porque quiso.
947
Con obras de servicio, podemos preparar al Señor un triunfo mayor que el de su entrada en Jerusalén... Porque no se repetirán las escenas de Judas, ni la del Huerto de los Olivos, ni aquella noche cerrada... ¡Lograremos que arda el mundo en las llamas del fuego que vino a traer a la tierra!... Y la luz de la Verdad —nuestro Jesús— iluminará las inteligencias en un día sin fin.
948
¡No te me asustes!: tú, por cristiano, tienes el derecho y el deber de provocar, en las almas, la crisis saludable de que vivan cara a Dios.
949
Pide por todo el mundo, por los hombres de todas las razas y de todas las lenguas, y de todas las creencias; por los hombres que tienen una idea vaga de la religión, y por los que no conocen la fe.
—Y este afán de almas, que es prueba fiel y clara de que amamos a Jesús, hará que Jesús venga.
950
Al oír hablar de labores de almas en tierras lejanas, ¡cómo les brillaban los ojos! Daba la impresión de que estaban dispuestos a saltar el océano de un brinco. Y es que el mundo es muy pequeño, cuando el Amor es grande.
951
Ningún alma, ¡ninguna!, puede resultarte indiferente.
952
Un discípulo de Cristo nunca razonará así: "yo procuro ser bueno, y los demás, si quieren..., que se vayan al infierno".
Este comportamiento no es humano, ni es conforme con el amor de Dios, ni con la caridad que debemos al prójimo.
953
Cuando el cristiano comprende y vive la catolicidad, cuando advierte la urgencia de anunciar la Buena Nueva de salvación a todas las criaturas, sabe que —como enseña el Apóstol— ha de hacerse "todo para todos, para salvarlos a todos".
954
Has de querer a tus hermanos, los hombres, hasta el extremo de que incluso sus defectos —cuando no sean ofensa de Dios— no te parezcan defectos. Si no quieres más que las buenas cualidades que veas en los demás —si no sabes comprender, disculpar, perdonar—, eres un egoísta.
955
No puedes destrozar, con tu desidia o con tu mal ejemplo, las almas de tus hermanos los hombres.
—Tienes —¡a pesar de tus pasiones!— la responsabilidad de la vida cristiana de tus prójimos, de la eficacia espiritual de todos, ¡de su santidad!
956
Lejos físicamente y, sin embargo, muy cerca de todos: ¡muy cerca de todos!..., repetías feliz.
Estabas contento, gracias a esa comunión de caridad, de que te hablé, que has de avivar sin cansancio.
957
Me preguntas qué podrías hacer por ese amigo tuyo, para que no se encuentre solo.
—Te diré lo de siempre, porque tenemos a nuestra disposición un arma maravillosa, que lo resuelve todo: rezar. Primero, rezar. Y, luego, hacer por él lo que querrías que hicieran por ti, en circunstancias semejantes.
Sin humillarle, hay que ayudarle de tal manera que le sea fácil lo que le resulta dificultoso.
958
Ponte siempre en las circunstancias del prójimo: así verás los problemas o las cuestiones serenamente, no te disgustarás, comprenderás, disculparás, corregirás cuando y como sea necesario, y llenarás el mundo de caridad.
959
No se puede ceder en lo que es de fe: pero no olvides que, para decir la verdad, no hace falta maltratar a nadie.
960
Siendo para bien del prójimo, no te calles, pero habla de modo amable, sin destemplanza ni enfado.
961
No es posible comentar sucesos o doctrinas sin referirse a personas..., a las que no juzgas: “qui iudicat Dominus est —es Dios quien juzga.
—No te preocupes, pues, si alguna vez chocas con un interlocutor sin recta conciencia, que —por mala fe o por falta de criterio— califica tus palabras de murmuración.
962
A algunos pobrecitos les molesta el bien que haces, como si el bien dejara de serlo cuando no lo llevan a cabo o no lo controlan ellos...
—Que esa incomprensión no te sirva de excusa para aflojar en tu tarea. Esfuérzate en rendir con mayor empeño, ahora: cuando en la tierra te faltan aplausos, más grata llega tu tarea al Cielo.
963
A veces, se pierde el cincuenta por ciento de la actividad en luchas intestinas, que tienen por fundamento la ausencia de la caridad, y los cuentos y los chismes entre hermanos. De otra parte, un veinticinco por ciento de la actividad se pierde en levantar edificios innecesarios para el apostolado. No se ha de consentir jamás la murmuración y no se ha de perder el tiempo en edificar tantas casas, y así las personas serán apóstoles cien por cien.
964
Pide para los sacerdotes, los de ahora y los que vendrán, que amen de verdad, cada día más y sin discriminaciones, a sus hermanos los hombres, y que sepan hacerse querer de ellos.
965
Pensando en los sacerdotes del mundo entero, ayúdame a rezar por la fecundidad de sus apostolados.
—Sacerdote, hermano mío, habla siempre de Dios, que, si eres suyo, no habrá monotonía en tus coloquios.
966
La predicación, la predicación de Cristo "Crucificado", es la palabra de Dios.
Los sacerdotes han de prepararse lo mejor que puedan, antes de ejercer tan divino ministerio, buscando la salvación de las almas.
Los seglares han de escuchar con respeto especialísimo.
967
Me produjo alegría lo que decían de aquel sacerdote: "Predica con toda el alma... y con todo el cuerpo".
968
Reza así, alma de apóstol: Señor, haz que sepa "apretar" a la gente y encender a todos en hogueras de Amor, que sean el motor único de nuestras actividades.
969
Los católicos hemos de andar por la vida como apóstoles: con luz de Dios, con sal de Dios. Sin miedo, con naturalidad, pero con tal vida interior, con tal unión con el Señor, que alumbremos, que evitemos la corrupción y las sombras, que repartamos el fruto de la serenidad y la eficacia de la doctrina cristiana.
970
Salió el sembrador a sembrar, a echar a voleo la semilla en todas las encrucijadas de la tierra... —¡Bendita labor la nuestra!: encargarnos de que, en todas las circunstancias de lugares y de épocas, arraigue, germine y dé fruto la palabra de Dios.
971
“Dominus dabit benignitatem suam et terra nostra dabit fructum suum —el Señor dará su bendición, y nuestra tierra producirá su fruto.
—Sí, esa bendición es el origen de todo buen fruto, el clima necesario para que en nuestro mundo podamos cultivar santos, hombres y mujeres de Dios.
“Dominus dabit benignitatem —el Señor dará su bendición. —Pero, fíjate bien, a continuación señala que El espera nuestro fruto —el tuyo, el mío—, y no un fruto raquítico, desmedrado, porque no hayamos sabido entregarnos; lo espera abundante, porque nos colma de bendiciones.
972
Veías tu vocación como esas cápsulas que encierran la semilla. Ya llegará el momento de la expansión, y habrá arraigo múltiple y simultáneo.
973
Dentro de la gran muchedumbre humana —nos interesan todas las almas— has de ser fermento, para que, con la ayuda de la gracia divina y con tu correspondencia, actúes en todos los lugares del mundo como la levadura, que da calidad, que da sabor, que da volumen, con el fin de que luego el pan de Cristo pueda alimentar a otras almas.
974
Los enemigos de Jesús —y algunos que se dicen sus amigos—, cubiertos con la armadura de la ciencia humana, empuñando la espada del poder, se ríen de los cristianos como el filisteo se reía de David, despreciándole.
También ahora caerá por tierra el Goliat del odio, de la falsía, de la prepotencia, del laicismo, del indiferentismo...; y entonces, herido el gigantón de esas falsas ideologías por las armas aparentemente débiles del espíritu cristiano —oración, expiación, acción—, le despojaremos de la armadura de sus erróneas doctrinas, para revestir a nuestros hermanos los hombres con la verdadera ciencia: la cultura y la práctica cristiana.
975
En las campañas contra la Iglesia, maquinan muchas organizaciones —a veces del brazo de los que se llaman buenos—, que mueven al pueblo con prensa, hojas, pasquines, calumnias, propaganda hablada. Después lo llevan por donde quieren: al mismo infierno. Pretenden que la masa sea amorfa, como si las personas no tuvieran alma..., y dan compasión.
Pero, como tienen alma, hay que arrancarlas de las garras de esas organizaciones del mal y ponerlas al servicio de Dios.
976
Un tanto por ciento muy considerable de las personas, que frecuentan los Sacramentos, lee la mala prensa...
Con calma y con amor de Dios, hemos de rogar y de dar doctrina, para que no lean esos papeluchos endiablados que, según dicen —porque se avergüenzan—, compran los de su familia, aunque quizá lo hagan ellos mismos.
977
Defiende la verdad, con caridad y con firmeza, cuando se trata de las cosas de Dios. Practica la santa desvergüenza de denunciar los errores, que a veces son pequeñas insidias; otras, odiosas razones o descaradas ignorancias; y, de ordinario, manifestación de la impotencia de los hombres, que no pueden tolerar la fecundidad de la palabra de Dios.
978
En momentos de desorientación general, cuando clamas al Señor por ¡sus almas!, parece como si no te oyera, como si se hiciera sordo a tus llamadas. Incluso llegas a pensar que tu trabajo apostólico es vano.
—¡No te preocupes! Sigue trabajando con la misma alegría, con la misma vibración, con el mismo afán. —Déjame que insista: cuando se trabaja por Dios, ¡nada es infecundo!
979
Hijo: todos los mares de este mundo son nuestros, y allí donde la pesca es más difícil es también más necesaria.
980
Con tu doctrina de cristiano, con tu vida íntegra y con tu trabajo bien hecho, tienes que dar buen ejemplo, en el ejercicio de tu profesión, y en el cumplimiento de los deberes de tu cargo, a los que te rodean: tus parientes, tus amigos, tus compañeros, tus vecinos, tus alumnos... —No puedes ser un chapucero.
981
Por tu trato con Cristo, estás obligado a rendir fruto.
—Fruto que sacie el hambre de las almas, cuando se acerquen a ti, en el trabajo, en la convivencia, en el ambiente familiar...
982
Con tu cumplimiento gustoso y generoso del deber, logras también abundante gracia del Señor para otras almas.
983
Esfuérzate en llevar tu sentido cristiano al mundo, para que haya muchos amigos de la Cruz.
984
Además de su gracia cuantiosa y eficaz, el Señor te ha dado la cabeza, las manos, las facultades intelectuales, para que hagas fructificar tus talentos.
Dios quiere operar milagros constantes —resucitar muertos, dar oído a los sordos, vista a los ciegos, posibilidades de andar a los cojos...—, a través de tu actuación profesional santificada, convertida en holocausto grato a Dios y útil a las almas.
985
El día en que no procures acercar a otros a Dios —tú, que debes ser siempre brasa encendida— te convertirás en un carboncito despreciable, o en un montoncito de ceniza, que un soplo de viento dispersa.
—Tienes que llevar fuego, tienes que ser algo que queme, que arda, que produzca hogueras de amor de Dios, de fidelidad, de apostolado.
986
Invoca a la Santísima Virgen; no dejes de pedirle que se muestre siempre Madre tuya: “monstra te esse Matrem!, y que te alcance, con la gracia de su Hijo, claridad de buena doctrina en la inteligencia, y amor y pureza en el corazón, con el fin de que sepas ir a Dios y llevarle muchas almas.
San Josemaría Escrivá
martes, 7 de julio de 2015
Forja: Selección (Capítulo 11)
855
¡Comprometido! ¡Cómo me gusta esta palabra! —Los hijos de Dios nos obligamos —libremente— a vivir dedicados al Señor, con el empeño de que El domine, de modo soberano y completo, en nuestras vidas.
856
La santidad —cuando es verdadera— se desborda del vaso, para llenar otros corazones, otras almas, de esa sobreabundancia.
Los hijos de Dios nos santificamos, santificando. —¿Cunde a tu alrededor la vida cristiana? Piénsalo a diario.
857
El Reino de Jesucristo. ¡Esto es lo nuestro! —Por eso, hijo, ¡con generosidad!, no quieras saber ninguna de las muchas razones que tiene para reinar en ti.
Si le miras, te bastará contemplar cómo te ama..., sentirás hambres de corresponder, gritándole a voces que "le amas actualmente", y comprenderás que, si tú no le dejas, El no te dejará.
858
El primer paso para acercar a otros a los caminos de Cristo es que te vean contento, feliz, seguro en tu andar hacia Dios.
859
Un varón católico —una mujer católica— no puede olvidar esta idea madre: imitar a Jesucristo, en todos los ambientes, sin rechazar a nadie.
860
Nuestro Señor Jesús lo quiere: es preciso seguirle de cerca. No hay otro camino.
Esta es la obra del Espíritu Santo en cada alma —en la tuya—, y has de ser dócil, para no poner obstáculos a tu Dios.
861
Señal evidente de que buscas la santidad es —¡déjame llamarlo así!— el "sano prejuicio psicológico" de pensar habitualmente en los demás, olvidándote de ti mismo, para acercarles a Dios.
862
Ha de quedar claramente grabado en tu alma que Dios no te necesita. —Su llamada es una misericordia amorosísima de su Corazón.
863
Trata con afecto, con cariño —¡con caridad cristiana!— al que yerra, pero sin admitir componendas en lo que vaya contra nuestra santa Fe.
864
Acude a la Dulce Señora María, Madre de Dios y Madre Nuestra, encomendándole la limpieza de alma y de cuerpo de todas las personas.
Dile que quieres invocarla —y que la invoquen siempre—, y siempre vencer, en las horas malas —o buenas, y muy buenas— de la lucha contra los enemigos de nuestra condición de hijos de Dios.
865
El vino a la tierra, porque “omnes homines vult salvos fieri —para redimir a todo el mundo.
—Mientras trabajas codo a codo con tantas personas, acuérdate siempre de que ¡no hay alma que no interese a Cristo!
866
¡Señor!, le asegurabas, me gusta ser agradecido; quiero serlo siempre con todos.
—Pues, mira: no eres una piedra..., ni un alcornoque..., ni un mulo. No perteneces a esos seres, que cumplen su fin aquí abajo. Y esto, porque Dios quiso hacerte hombre o mujer —hijo suyo—..., y te ama “in caritate perpetua —con amor eterno.
—¿Te gusta ser agradecido?: ¿vas a hacer una excepción con el Señor? —Procura que tu hacimiento de gracias, diario, salga impetuoso de tu corazón.
867
Comprensión, caridad real. Cuando de veras la hayas conseguido, tendrás el corazón grande con todos, sin discriminaciones, y vivirás —también con los que te han maltratado— el consejo de Jesús: "venid a mí todos los que andáis agobiados..., que Yo os aliviaré".
868
Trata con cariño a los que ignoran las cosas de Dios. Pero con más razón has de tratar así a quienes las conocen: sin esto, no puedes cumplir lo anterior.
869
Si de veras amases a Dios con todo tu corazón, el amor al prójimo —que a veces te resulta tan difícil— sería una consecuencia necesaria del Gran Amor. —Y no te sentirías enemigo de nadie, ni harías acepción de personas.
870
¿Tienes ansias, locura divina de que las almas conozcan el Amor de Dios? Pues, en tu vida corriente, ofrece mortificaciones, reza, cumple el deber, véncete en tanto pequeño detalle.
871
Háblale despacio: buen Jesús, si he de ser apóstol —apóstol de apóstoles— es preciso que me hagas muy humilde.
Que me conozca: que me conozca y que te conozca.
—Así jamás perderé de vista mi nada.
872
“Per Iesum Christum Dominum nostrum —por Jesucristo, Señor Nuestro. De este modo has de hacer las cosas: ¡por Jesucristo!
—Es bueno que tengas un corazón humano; pero, si te mueves sólo porque se trata de una persona determinada, ¡mal! —Aunque lo hagas también por ese hermano, por ese amigo, ¡hazlo sobre todo por Jesucristo!
873
La Iglesia, las almas —de todos los continentes, de todos los tiempos actuales y venideros— esperan mucho de ti..., pero —¡que se te meta bien en la cabeza y en el corazón!— serás estéril, si no eres santo: me corrijo, si no luchas para ser santo.
874
Déjate modelar por los golpes —fuertes o delicados— de la gracia. Esfuérzate en no ser obstáculo, sino instrumento. Y, si quieres, tu Madre Santísima te ayudará, y serás canal, en lugar de piedra que tuerza el curso de las aguas divinas.
875
Señor, ayúdame a serte fiel y dócil, “sicut lutum in manu figuli —como el barro en las manos del alfarero. —Y así no viviré yo, sino que en mí vivirás y obrarás Tú, Amor.
876
Jesús hará que tomes a todos los que tratas un cariño grande, que en nada empañará el que a El le tienes. Al contrario: cuanto más quieras a Jesús, más gente cabrá en tu corazón.
877
Al acercarse más la criatura a Dios, más universal se siente: se agranda su corazón, para que quepan todos y todo, en el único gran deseo de poner el universo a los pies de Jesús.
878
Jesús tenía, al morir en la Cruz, treinta y tres años. ¡La juventud no puede servir de excusa!
Además, cada día que pasa, ya vas dejando de ser joven... aunque con El tendrás su juventud eterna.
879
Rechaza el nacionalismo, que dificulta la comprensión y la convivencia: es una de las barreras más perniciosas de muchos momentos históricos.
Y recházalo con más fuerza —porque sería más nocivo—, si se pretende llevar al Cuerpo de la Iglesia, que es donde más ha de resplandecer la unión de todo y de todos en el amor a Jesucristo.
880
¿Tú, hijo de Dios, qué has hecho, hasta ahora, para ayudar a las almas de los que te rodean?
—No puedes conformarte con esa pasividad, con esa languidez: El quiere llegar a otros con tu ejemplo, con tu palabra, con tu amistad, con tu servicio...
881
Sacrifícate, entrégate, y trabaja con las almas una a una, como se tratan una a una las joyas preciosas.
—Más aún, has de poner mayor empeño, porque está en juego algo de valor incomparable: el objeto de esa atención espiritual es preparar buenos instrumentos para el servicio de Dios, que han costado a Cristo, ¡cada uno!, toda su Sangre.
882
Ser cristiano —y de modo particular ser sacerdote; recordando también que todos los bautizados participamos del sacerdocio real— es estar de continuo en la Cruz.
883
Si fueras consecuente, ahora que has visto su luz, desearías ser tan santo, como tan gran pecador has sido: y lucharías por hacer realidad esas ansias.
884
No es soberbia, sino fortaleza, hacer sentir el peso de la autoridad, cortando cuanto haya que cortar, cuando así lo exige el cumplimiento de la Santa Voluntad de Dios.
885
A veces, hay que atar las manos, con reverencia y con mesura, sin baldones ni descortesía. No por venganza, sino para remedio. No en castigo, sino como medicina.
886
Me miraste muy serio..., pero al fin me entendiste, cuando te comenté: "quiero reproducir la vida de Cristo en los hijos de Dios, a fuerza de meditarla, para actuar como El y hablar sólo de El".
887
Jesús se quedó en la Eucaristía por amor..., por ti.
—Se quedó, sabiendo cómo le recibirían los hombres... y cómo lo recibes tú.
—Se quedó, para que le comas, para que le visites y le cuentes tus cosas y, tratándolo en la oración junto al Sagrario y en la recepción del Sacramento, te enamores más cada día, y hagas que otras almas —¡muchas!— sigan igual camino.
888
Me dices que deseas vivir la santa pobreza, el desprendimiento de las cosas que usas. —Pregúntate: ¿tengo yo los afectos de Jesucristo, y sus sentimientos, con relación a la pobreza y a las riquezas?
Y te aconsejé: además de descansar en tu Padre-Dios, con verdadero abandono de hijo..., pon particularmente tus ojos en esa virtud, para amarla como Jesús. Y así, en lugar de verla como una cruz, la considerarás como signo de predilección.
889
A veces, con su actuación, algunos cristianos no dan al precepto de la caridad el valor máximo que tiene. Cristo, rodeado por los suyos, en aquel maravilloso sermón final, decía a modo de testamento: “Mandatum novum do vobis, ut diligatis invicem —un mandamiento nuevo os doy, que os améis unos a otros.
Y todavía insistió: “in hoc cognoscent omnes quia discipuli mei estis —en esto conocerán todos que sois mis discípulos, si os tenéis amor unos a otros.
—¡Ojalá nos decidamos a vivir como El quiere!
890
Si falta la piedad —ese lazo que nos ata a Dios fuertemente y, por El, a los demás, porque en los demás vemos a Cristo—, es inevitable la desunión, con la pérdida de todo espíritu cristiano.
891
Agradece de todo corazón al Señor las potencias admirables..., y terribles, de la inteligencia y de la voluntad con las que ha querido crearte. Admirables, porque te hacen semejante a El; terribles, porque hay hombres que las enfrentan contra su Creador.
A mí, como síntesis de nuestro agradecimiento de hijos de Dios, se me ocurre decirle, ahora y siempre, a este Padre nuestro: “serviam! —¡te serviré!
892
Sin vida interior, sin formación, no hay verdadero apostolado ni obras fecundas: la labor es precaria e incluso ficticia.
—¡Qué responsabilidad, por tanto, la de los hijos de Dios!: hemos de tener hambre y sed de El y de su doctrina.
893
Le decían a aquel buen amigo, para humillarle, que su alma era de segunda o de tercera clase.
Convencido de su nada, sin enfadarse, razonaba así: como cada hombre no tiene más que un alma —yo la mía, una sola también—, para cada uno su alma será... de primera. ¡No quiero bajar la puntería! Por lo tanto, tengo un alma de "primerísima", y quiero, con la ayuda de Dios, purificarla y blanquearla y encenderla, para que esté muy contento el Amado.
—No lo olvides, tú tampoco —aunque te veas tan lleno de miserias— "puedes bajar la puntería".
894
Para ti, que te quejas de estar solo, de que el ambiente es agresivo: piensa que Cristo Jesús, Buen Sembrador, a cada uno de sus hijos nos aprieta en su mano llagada —como al trigo—; nos inunda con su Sangre, nos purifica, nos limpia, ¡nos emborracha!...; y luego, generosamente, nos echa por el mundo uno a uno: que el trigo no se siembra a sacos, sino grano a grano.
895
Insisto: ruega al Señor que nos conceda a sus hijos el "don de lenguas", el de hacernos entender por todos.
La razón por la que deseo este "don de lenguas" la puedes deducir de las páginas del Evangelio, abundantes en parábolas, en ejemplos que materializan la doctrina e ilustran lo espiritual, sin envilecer ni degradar la palabra de Dios.
Para todos —doctos y menos doctos—, es más fácil considerar y entender el mensaje divino a través de esas imágenes humanas.
896
En estos momentos —¡y siempre!—, cuando el Señor quiere que se esparza su semilla, en una divina dispersión por los distintos ambientes, quiere también que la extensión no haga perder la intensidad...
Y tú tienes la misión, clara y sobrenatural, de contribuir a que esa intensidad no se pierda.
897
Sí, tienes razón: ¡qué hondura, la de tu miseria! Por ti, ¿dónde estarías ahora, hasta dónde habrías llegado?...
"Solamente un Amor lleno de misericordia puede seguir amándome", reconocías.
—Consuélate: El no te negará ni su Amor ni su Misericordia, si le buscas.
898
Tú has de procurar que haya, en medio del mundo, muchas almas que amen a Dios de todo corazón.
—Es hora de hacer recuento: ¿a cuántas has ayudado tú a descubrir ese Amor?
899
La presencia y el testimonio de los hijos de Dios en el mundo es para arrastrar, no para dejarse arrastrar; para dar su propio ambiente —el de Cristo—, no para dejarse dominar por otro ambiente.
900
Tienes obligación de llegarte a los que te rodean, de sacudirles de su modorra, de abrir horizontes diferentes y amplios a su existencia aburguesada y egoísta, de complicarles santamente la vida, de hacer que se olviden de sí mismos y que comprendan los problemas de los demás.
Si no, no eres buen hermano de tus hermanos los hombres, que están necesitados de ese “gaudium cum pace —de esta alegría y esta paz, que quizá no conocen o han olvidado.
901
Ningún hijo de la Iglesia Santa puede vivir tranquilo, sin experimentar inquietud ante las masas despersonalizadas: rebaño, manada, piara, escribí en alguna ocasión. ¡Cuántas pasiones nobles hay, en su aparente indiferencia! ¡Cuántas posibilidades!
Es necesario servir a todos, imponer las manos a cada uno —“singulis manus imponens, como hacía Jesús—, para tornarlos a la vida, para iluminar sus inteligencias y robustecer sus voluntades, ¡para que sean útiles!
902
Yo tampoco pensaba que Dios me cogiera como lo hizo. Pero el Señor —déjame que te lo repita— no nos pide permiso para "complicarnos la vida". Se mete y... ¡ya está!
903
Señor, solamente confiaré en Ti. Ayúdame, para que te sea fiel, porque sé que de esta fidelidad en servirte, dejando en tus manos todas mis solicitudes y cuidados, puedo esperarlo todo.
904
Agradezcamos mucho y con frecuencia esta llamada maravillosa que hemos recibido de Dios: que sea una gratitud real y profunda, estrechamente unida a la humildad.
905
El privilegio de contarnos entre los hijos de Dios, felicidad suma, es siempre inmerecido.
906
Desgarra el corazón aquel clamor —¡siempre actual!— del Hijo de Dios, que se lamenta porque la mies es mucha y los obreros son pocos.
—Ese grito ha salido de la boca de Cristo, para que también lo oigas tú: ¿cómo le has respondido hasta ahora?, ¿rezas, al menos a diario, por esa intención?
907
Para seguir al Señor, es preciso darse de una vez, sin reservas y reciamente: quemar las naves con decisión, para que no haya posibilidades de retroceder.
908
No te asustes cuando Jesús te pida más, incluso la felicidad de los de tu sangre. Convéncete de que, desde un punto de vista sobrenatural, El tiene el derecho de pasar por encima de los tuyos, para su Gloria.
909
Afirmas que quieres ser apóstol de Cristo.
—Me da mucha alegría oírte. Pido al Señor que te conceda perseverancia. Y recuerda que, de nuestra boca, de nuestro pensamiento, de nuestro corazón, no han de salir más que motivos divinos, hambre de almas, temas que de un modo o de otro llevan a Dios; o, por lo menos, que no te apartan de El.
910
La Iglesia necesita —y necesitará siempre— sacerdotes. Pídeselos a diario a la Trinidad Santísima, a través de Santa María.
—Y pide que sean alegres, operativos, eficaces; que estén bien preparados; y que se sacrifiquen gustosos por sus hermanos, sin sentirse víctimas.
911
Recurre constantemente a la Virgen Santísima, Madre de Dios y Madre de la humanidad: y Ella atraerá, con suavidad de Madre, el amor de Dios a las almas que tratas, para que se decidan —en su trabajo ordinario, en su profesión— a ser testigos de Jesucristo.
San Josemaría de Escrivá
lunes, 6 de julio de 2015
Forja: Crisol (Capítulo 10)
750
No te digo que me quites los afectos, Señor, porque con ellos puedo servirte, sino que los acrisoles.
751
Ante todas las maravillas de Dios, y ante todos nuestros fracasos humanos, hemos de reconocer: Tú lo eres todo para mí: ¡sírvete de mí como quieras! —Y la soledad ya no existirá para ti, para nosotros.
752
El gran secreto de la santidad se reduce a parecerse más y más a El, que es el único y amable Modelo.
753
Cuando te pongas a orar, y no veas nada, y te sientas revuelto y seco, éste es el camino: no pienses en ti; vuelve tus ojos, en cambio, a la Pasión de Jesucristo, nuestro Redentor.
Convéncete de que también a cada uno de nosotros nos pide, como a aquellos tres Apóstoles más íntimos, en el Huerto de los Olivos: "vigilad y orad".
754
Al abrir el Santo Evangelio, piensa que lo que allí se narra —obras y dichos de Cristo— no sólo has de saberlo, sino que has de vivirlo. Todo, cada punto relatado, se ha recogido, detalle a detalle, para que lo encarnes en las circunstancias concretas de tu existencia.
—El Señor nos ha llamado a los católicos para que le sigamos de cerca y, en ese Texto Santo, encuentras la Vida de Jesús; pero, además, debes encontrar tu propia vida.
Aprenderás a preguntar tú también, como el Apóstol, lleno de amor: "Señor, ¿qué quieres que yo haga?..." —¡La Voluntad de Dios!, oyes en tu alma de modo terminante.
Pues, toma el Evangelio a diario, y léelo y vívelo como norma concreta. —Así han procedido los santos.
755
Si de verdad deseas que tu corazón reaccione de un modo seguro, yo te aconsejo que te metas en una Llaga del Señor: así le tratarás de cerca, te pegarás a El, sentirás palpitar su Corazón..., y le seguirás en todo lo que te pida.
756
La oración es indudablemente el "quitapesares" de los que amamos a Jesús.
757
La Cruz simboliza la vida del apóstol de Cristo, con un vigor y una verdad que encantan al alma y al cuerpo, aunque a veces cueste y se note el peso.
758
Entiendo que, por Amor, desees padecer con Cristo: poner tus espaldas entre El y los sayones, que le azotan; tu cabeza, y no la suya, para las espinas; y tus pies y tus manos, para los clavos; ...o, al menos, acompañar a nuestra Madre Santa María, en el Calvario, y acusarte de deicida por tus pecados..., y sufrir y amar.
759
Me he propuesto frecuentar más al Paráclito, y pedirle sus luces, me has dicho.
—Bien: pero recuerda, hijo, que el Espíritu Santo es fruto de la Cruz.
760
El amor gustoso, que hace feliz al alma, está basado en el dolor: no cabe amor sin renuncia.
761
Cristo clavado en la Cruz, ¿y tú?...: ¡todavía metido sólo en tus gustos!; me corrijo: ¡clavado por tus gustos!
762
No seamos —¡no podemos ser!— cristianos dulzones: en la tierra tiene que haber dolor y Cruz.
763
En esta vida nuestra hay que contar con la Cruz. El que no cuenta con la Cruz no es cristiano..., y no podrá evitar el encuentro con "su cruz", en la que se desesperará.
764
Ahora que la Cruz es seria, de peso, Jesús arregla las cosas de modo que nos colma de paz: se hace Cirineo nuestro, para que la carga resulte ligera.
Dile, entonces, lleno de confianza: Señor, ¿qué Cruz es ésta? Una Cruz sin cruz. De ahora en adelante, con tu ayuda, conociendo la fórmula de abandonarme en Ti, serán así siempre todas mis cruces.
765
Reafirma en tu alma el antiguo propósito de aquel amigo: Señor, quiero el sufrimiento, no el espectáculo.
766
Tener la Cruz, es tener la alegría: ¡es tenerte a Ti, Señor!
767
Lo que verdaderamente hace desgraciada a una persona —e incluso a una sociedad entera— es esa búsqueda, ansiosa y egoísta, de bienestar: ese intento de eliminar todo lo que contraría.
768
El camino del Amor se llama Sacrificio.
769
La Cruz, ¡la Santa Cruz!, pesa.
—De una parte, mis pecados. De otra, la triste realidad de los sufrimientos de nuestra Madre la Iglesia; la apatía de tantos católicos que tienen un "querer sin querer"; la separación —por diversos motivos— de seres amados; las enfermedades y tribulaciones, ajenas y propias...
La Cruz, ¡la Santa Cruz!, pesa: “Fiat, adimpleatur...! —¡Hágase, cúmplase, sea alabada y eternamente ensalzada la justísima y amabilísima Voluntad de Dios sobre todas las cosas! Amén. Amén.
770
Cuando se camina por donde camina Cristo; cuando ya no hay resignación, sino que el alma se conforma con la Cruz —se hace a la forma de la Cruz—; cuando se ama la Voluntad de Dios; cuando se quiere la Cruz..., entonces, sólo entonces, la lleva El.
771
Une el dolor —la Cruz exterior o interior— con la Voluntad de Dios, por medio de un “fiat! generoso, y te llenarás de gozo y de paz.
772
Señales inequívocas de la verdadera Cruz de Cristo: la serenidad, un hondo sentimiento de paz, un amor dispuesto a cualquier sacrificio, una eficacia grande que dimana del mismo Costado de Jesús, y siempre —de modo evidente— la alegría: una alegría que procede de saber que, quien se entrega de veras, está junto a la Cruz y, por consiguiente, junto a Nuestro Señor.
773
No dejes de ver y de agradecer la predilección del Rey que, en tu vida entera, resella tu carne y tu espíritu con el sello real de la Santa Cruz.
774
"Llevo encima —escribía aquel amigo— un pequeño Santo Cristo, con la imagen gastadísima por el uso y los besos, heredado por mi padre a la muerte de su madre, que habitualmente lo usaba.
Como es muy pobrecito y está muy gastado, no me atreveré a regalárselo a nadie, y de este modo —al verlo— aumentará mi amor a la Cruz".
775
Así rezaba un sacerdote, en momentos de aflicción: "Venga, Jesús, la Cruz que Tú quieras: desde ahora, la recibo con alegría, y la bendigo con la rica bendición de mi sacerdocio".
776
Cuando recibas algún golpe fuerte, alguna Cruz, no debes apurarte. Por el contrario, con rostro alegre, debes dar gracias al Señor.
777
Ayer vi un cuadro de Jesús difunto, que me encantó. Un ángel, con unción indecible, besa su mano izquierda; otro, a los pies del Salvador, tiene un clavo arrancado de la Cruz; y, en primer término, de espaldas, mirando a Cristo, un angelote chico llora.
Pedí al Señor que me regalaran el cuadro: es hermoso, respira piedad. —Me entristeció saber que una persona, a quien se mostró el lienzo para que lo comprara, lo rechazó diciendo: "¡un cadáver!" Para mí, serás siempre la Vida.
778
Señor —no me importa repetirlo miles de veces—: quiero acompañarte, sufriendo Contigo, en las humillaciones y crueldades de la Pasión y de la Cruz.
779
Encontrar la Cruz es encontrar a Cristo.
780
Jesús, que tu Sangre de Dios penetre en mis venas, para hacerme vivir, en cada instante, la generosidad de la Cruz.
781
Ante Jesús muerto en la Cruz, haz oración, para que la Vida y la Muerte de Cristo sean el modelo y el estímulo de tu vida y de tu respuesta a la Voluntad divina.
782
Recuérdalo a la hora del dolor o de la expiación: la Cruz es el signo de Cristo Redentor. Dejó de ser el símbolo del mal para ser la señal de la victoria.
783
Pon, entre los ingredientes de la comida, "el riquísimo" de la mortificación.
784
No es espíritu de penitencia hacer unos días grandes mortificaciones, y abandonarlas otros.
—Espíritu de penitencia significa saberse vencer todos los días, ofreciendo cosas —grandes y pequeñas— por amor y sin espectáculo.
785
Si unimos nuestras pequeñeces —las insignificantes y las grandes contradicciones— a los grandes sufrimientos del Señor, Víctima —¡la única Víctima es El!—, aumentará su valor, se harán un tesoro y, entonces, tomaremos a gusto, con garbo, la Cruz de Cristo.
—Y no habrá así pena que no se venza con rapidez; y no habrá nada ni nadie que nos quite la paz y la alegría.
786
Para ser apóstol, tienes que llevar en ti —como enseña San Pablo— a Cristo crucificado.
787
¡Es verdad!: la Santa Cruz trae a nuestras vidas la confirmación inequívoca de que somos de Cristo.
788
La Cruz no es la pena, ni el disgusto, ni la amargura... Es el madero santo donde triunfa Jesucristo..., y donde triunfamos nosotros, cuando recibimos con alegría y generosamente lo que El nos envía.
789
Después del Santo Sacrificio, has visto cómo de tu Fe y de tu Amor —de tu penitencia, de tu oración y de tu actividad— dependen en buena parte la perseverancia de los tuyos y, a veces, aun su vida terrena.
—¡Bendita Cruz, que llevamos mi Señor Jesús —El—, y tú, y yo!
790
¡Oh, Jesús, quiero ser una hoguera de locura de Amor! Quiero que mi presencia sola sea bastante para encender al mundo, en muchos kilómetros a la redonda, con incendio inextinguible. Quiero saber que soy tuyo. Después, venga la Cruz...
—¡Magnífico camino!: sufrir, amar y creer.
791
Cuando estés enfermo, ofrece con amor tus sufrimientos, y se convertirán en incienso que se eleva en honor de Dios y que te santifica.
792
Has de ser, como hijo de Dios y con su gracia, varón o mujer fuerte, de deseos y de realidades.
—No somos plantas de invernadero. Vivimos en medio del mundo, y hemos de estar a todos los vientos, al calor y al frío, a la lluvia y a los ciclones..., pero fieles a Dios y a su Iglesia.
793
¡Cómo duelen los desprecios, aunque la voluntad esté en quererlos!
—No te extrañes: ofréceselos a Dios.
794
¡Mucho te ha herido ese desprecio!... —Significa que te olvidas demasiado fácilmente de quién eres.
795
Ante las acusaciones que consideramos injustas, examinemos nuestra conducta, delante de Dios, “cum gaudio et pace —con alegre serenidad, y rectifiquemos, aunque se trate de cosas inocentes, si la caridad nos lo aconseja.
—Luchemos por ser santos, cada día más: y, luego, "que digan", siempre que a esos dichos se les pueda aplicar aquella bienaventuranza: “beati estis cum... dixerint omne malum adversus vos mentientes propter me —bienaventurados seréis cuando os calumnien por mi causa.
796
Se ha afirmado —no recuerdo por quién, ni dónde— que el vendaval de la insidia se ensaña con los que sobresalen, como el huracán azota los pinos más altos.
797
Intrigas, interpretaciones miserables —cortadas a medida del corazón villano que interpreta—, susurraciones cobardes... —Es una escena desgraciadamente repetida en los distintos ambientes: ni trabajan, ni dejan trabajar.
Medita despacio aquellos versos del salmo: "Dios mío, he llegado a ser extraño para mis hermanos, y forastero para los hijos de mi madre. Porque el celo de tu casa me devoró, y los oprobios de los que te ultrajan cayeron sobre mí"..., y continúa trabajando.
798
No se puede hacer el bien, aun siendo todas las almas buenas, sin la Cruz santa de las habladurías.
799
“In silentio et in spe erit fortitudo vestra —en el silencio y en la esperanza residirá vuestra fortaleza..., asegura el Señor a los suyos. Callar y confiar: dos armas fundamentales en el momento de la adversidad, cuando se te nieguen los remedios humanos.
El sufrimiento soportado sin queja —mira a Jesús en su Santa Pasión y Muerte— da también la medida del amor.
800
Así rezaba un alma deseosa de ser enteramente de Dios y, por El, de todas las almas: "Señor, yo te pido que obres en este pecador, y que rectifiques y purifiques y acrisoles mis intenciones".
801
Me hirió la condescendencia —la transigencia y la intransigencia— de aquel varón doctísimo y santo, que decía: a todo me avengo, menos a ofender a Dios.
802
Considera el bien que han hecho a tu alma los que, durante tu vida, te han fastidiado o han tratado de fastidiarte.
—Otros llaman enemigos a estas gentes. Tú, tratando de imitar a los santos, siquiera en esto, y siendo muy poca cosa para tener o haber tenido enemigos, llámales "bienhechores". Y resultará que, a fuerza de encomendarlos a Dios, les tendrás simpatía.
803
Hijo, óyeme bien: tú, feliz cuando te maltraten y te deshonren; cuando mucha gente se alborote y se ponga de moda escupir sobre ti, porque eres “omnium peripsema —como basura para todos...
—Cuesta, cuesta mucho. Es duro, hasta que —por fin— un hombre se acerca al Sagrario, se ve considerado como toda la porquería del mundo, como un pobre gusano, y dice de verdad: "Señor, si Tú no necesitas mi honra, ¿yo, para qué la quiero?"
Hasta entonces, no sabe el hijo de Dios lo que es ser feliz: hasta llegar a esa desnudez, a esa entrega, que es entrega de amor, pero fundamentada en la mortificación, en el dolor.
804
¿Contradicción de los buenos? —Cosas del demonio.
805
Cuando pierdes la calma y te pones nervioso, es como si quitaras razón a tu razón.
En esos momentos, se vuelve a oír la voz del Maestro a Pedro, que se hunde en las aguas de su falta de paz y de sus nervios: "¿por qué has dudado?"
806
El orden dará armonía a tu vida, y te traerá la perseverancia. El orden proporcionará paz a tu corazón, y gravedad a tu compostura.
807
Copio este texto, porque puede dar paz a tu alma: "Me encuentro en una situación económica tan apurada como cuando más. No pierdo la paz. Tengo absoluta seguridad de que Dios, mi Padre, resolverá todo este asunto de una vez.
Quiero, Señor, abandonar el cuidado de todo lo mío en tus manos generosas. Nuestra Madre —¡tu Madre!— a estas horas, como en Caná, ha hecho sonar en tus oídos: ¡no tienen!... Yo creo en Ti, espero en Ti, Te amo, Jesús: para mí, nada; para ellos".
808
Amo tu Voluntad. Amo la santa pobreza, gran señora mía.
—Y abomino, para siempre, de todo lo que suponga, ni de lejos, falta de adhesión a tu justísima, amabilísima y paternal Voluntad.
809
El espíritu de pobreza, de desprendimiento de los bienes terrenos, redunda en la eficacia del apostolado.
810
Nazaret: camino de fe, de desprendimiento, donde el Creador se sujeta a las criaturas como a su Padre Celestial.
811
Jesús habla siempre con amor... también cuando nos corrige o permite la tribulación.
812
Identifícate con la Voluntad de Dios... y así la contradicción no es contradicción.
813
Dios nos quiere infinitamente más de lo que tú mismo te quieres... ¡Déjale, pues, que te exija!
814
Acepta sin miedo la Voluntad de Dios; formula sin vacilaciones el propósito de edificar, toda tu vida, con lo que nos enseña y exige nuestra fe.
—De este modo, ten por cierto que, también con penas e incluso con calumnias, serás feliz, con una felicidad que te impulsará a amar a los demás, y a hacerles participar de tu alegría sobrenatural.
815
Si vienen contradicciones, está seguro de que son una prueba del amor de Padre, que el Señor te tiene.
816
En esta forja de dolor que acompaña la vida de todas las personas que aman, el Señor nos enseña que quien pisa sin miedo —aunque cueste— donde pisa el Maestro, encuentra la alegría.
817
Fortalece tu espíritu con la penitencia, de tal manera que, cuando llegue la contradicción, nunca te desalientes.
818
¡Cuándo te propondrás de una vez identificarte con ese Cristo que es Vida!
819
Para perseverar en el seguimiento de los pasos de Jesús, se necesita una libertad continua, un querer continuo, un ejercicio continuo de la propia libertad.
820
Te maravilla descubrir que, en cada una de las posibilidades de mejorar, existen muchas metas distintas...
—Son otros caminos, dentro del "camino", que evitan la posible rutina y te acercan más al Señor.
—Aspira con generosidad a lo más alto.
821
Trabaja con humildad, es decir, cuenta primero con las bendiciones de Dios, que no te faltarán; después, con tus buenos deseos; con tus planes de trabajo; ¡y con tus dificultades!, sin olvidar que, entre estas dificultades, has de poner siempre tu falta de santidad.
—Serás buen instrumento, si cada día luchas para ser mejor.
822
Me confiaste que, en tu oración, abrías el corazón al Señor con las siguientes palabras: "considero mis miserias, que parecen aumentar, a pesar de tus gracias, sin duda por mi falta de correspondencia. Conozco la ausencia en mí de toda preparación, para la empresa que pides. Y, cuando leo en los periódicos que tantos y tantos hombres de prestigio, de talento y de dinero hablan y escriben y organizan para defender tu reinado..., me miro a mí mismo y me encuentro tan nadie, tan ignorante y tan pobre, en una palabra, tan pequeño..., que me llenaría de confusión y de vergüenza, si no supiera que Tú me quieres así. ¡Oh, Jesús! Por otra parte, sabes bien cómo he puesto, de buenísima gana, a tus pies, mi ambición... Fe y Amor: Amar, Creer, Sufrir. En esto sí que quiero ser rico y sabio, pero no más sabio ni más rico que lo que Tú, en tu Misericordia sin límites, hayas dispuesto: porque todo mi prestigio y honor he de ponerlo en cumplir fielmente tu justísima y amabilísima Voluntad".
—No te quedes sólo en esos buenos deseos, te aconsejé.
823
El amor a Dios nos invita a llevar a pulso la Cruz..., a sentir sobre nuestros hombros el peso de la humanidad entera, y a cumplir, en las circunstancias propias del estado y del trabajo de cada uno, los designios —claros y amorosos a la vez— de la Voluntad del Padre.
824
El más grande loco que ha habido y habrá es El. ¿Cabe mayor locura que entregarse como El se entrega, y a quienes se entrega?
Porque locura hubiera sido quedarse hecho un Niño indefenso; pero, entonces, aun muchos malvados se enternecerían, sin atreverse a maltratarle. Le pareció poco: quiso anonadarse más y darse más. Y se hizo comida, se hizo Pan.
—¡Divino Loco! ¿Cómo te tratan los hombres?... ¿Yo mismo?
825
Jesús, tu locura de Amor me roba el corazón. Estás inerme y pequeño, para engrandecer a los que te comen.
826
Has de conseguir que tu vida sea esencialmente, ¡totalmente!, eucarística.
827
Me gusta llamar ¡cárcel de amor! al Sagrario.
—Desde hace veinte siglos, está El ahí... ¡voluntariamente encerrado!, por mí, y por todos.
828
¿Has pensado en alguna ocasión cómo te prepararías para recibir al Señor, si se pudiera comulgar una sola vez en la vida?
—Agradezcamos a Dios la facilidad que tenemos para acercarnos a El, pero... hemos de agradecérselo preparándonos muy bien, para recibirle.
829
Dile al Señor que, en lo sucesivo, cada vez que celebres o asistas a la Santa Misa, y administres o recibas el Sacramento Eucarístico, lo harás con una fe grande, con un amor que queme, como si fuera la última vez de tu vida.
—Y duélete, por tus negligencias pasadas.
830
Me explico tu afán de recibir a diario la Sagrada Eucaristía, porque quien se siente hijo de Dios tiene imperiosa necesidad de Cristo.
831
Mientras asistes a la Santa Misa, piensa —¡es así!— que estás participando en un Sacrificio divino: sobre el altar, Cristo se vuelve a ofrecer por ti.
832
Cuando le recibas, dile: Señor, espero en Ti; te adoro, te amo, auméntame la fe. Sé el apoyo de mi debilidad, Tú, que te has quedado en la Eucaristía, inerme, para remediar la flaqueza de las criaturas.
833
Debemos hacer nuestras, por asimilación, aquellas palabras de Jesús: “desiderio desideravi hoc Pascha manducare vobiscum —ardientemente he deseado comer esta Pascua con vosotros. De ninguna forma podremos manifestar mejor nuestro máximo interés y amor por el Santo Sacrificio, que guardando esmeradamente hasta la más pequeña de las ceremonias prescritas por la sabiduría de la Iglesia.
Y, además del Amor, debe urgirnos la "necesidad" de parecernos a Jesucristo, no solamente en lo interior, sino también en lo exterior, moviéndonos —en los amplios espacios del altar cristiano— con aquel ritmo y armonía de la santidad obediente, que se identifica con la voluntad de la Esposa de Cristo, es decir, con la Voluntad del mismo Cristo.
834
Hemos de recibir al Señor, en la Eucaristía, como a los grandes de la tierra, ¡mejor!: con adornos, luces, trajes nuevos...
—Y si me preguntas qué limpieza, qué adornos y qué luces has de tener, te contestaré: limpieza en tus sentidos, uno por uno; adorno en tus potencias, una por una; luz en toda tu alma.
835
¡Sé alma de Eucaristía!
—Si el centro de tus pensamientos y esperanzas está en el Sagrario, hijo, ¡qué abundantes los frutos de santidad y de apostolado!
836
Los objetos empleados en el culto divino deberán ser artísticos, teniendo en cuenta que no es el culto para el arte, sino el arte para el culto.
837
Acude perseverantemente ante el Sagrario, de modo físico o con el corazón, para sentirte seguro, para sentirte sereno: pero también para sentirte amado..., ¡y para amar!
838
Copio unas palabras de un sacerdote, dirigidas a quienes le seguían en su empresa apostólica: "cuando contempléis la Sagrada Hostia expuesta en la custodia sobre el altar, mirad qué amor, qué ternura la de Cristo. Yo me lo explico, por el amor que os tengo; si pudiera estar lejos trabajando, y a la vez junto a cada uno de vosotros, ¡con qué gusto lo haría!
Cristo, en cambio, ¡sí puede! Y El, que nos ama con un amor infinitamente superior al que puedan albergar todos los corazones de la tierra, se ha quedado para que podamos unirnos siempre a su Humanidad Santísima, y para ayudarnos, para consolarnos, para fortalecernos, para que seamos fieles".
839
No pienses que es fácil hacer de la vida un servicio. Se necesita traducir en realidades tan buen deseo, porque "el reino de Dios no consiste en palabras, sino en virtud", enseña el Apóstol; y porque la práctica de una constante ayuda a los demás no es posible sin sacrificio.
840
¡Siente siempre y en todo con la Iglesia! —Adquiere, por eso, la formación espiritual y doctrinal necesaria, que te haga persona de recto criterio en tus opciones temporales, pronto y humilde para rectificar, cuando adviertas que te equivocas.
—La noble rectificación de los errores personales es un modo, muy humano y muy sobrenatural, de ejercitar la personal libertad.
841
Urge difundir la luz de la doctrina de Cristo.
Atesora formación, llénate de claridad de ideas, de plenitud del mensaje cristiano, para poder después transmitirlo a los demás.
—No esperes unas iluminaciones de Dios, que no tiene por qué darte, cuando dispones de medios humanos concretos: el estudio, el trabajo.
842
El error no sólo oscurece la inteligencia, sino que divide las voluntades.
—En cambio, “veritas liberabit vos —la verdad os librará de las banderías que agostan la caridad.
843
Frecuentas el trato de ese compañero que apenas te da los buenos días..., y te cuesta.
—Persevera y no le juzgues; tendrá "sus motivos", de la misma manera que tú alimentas los tuyos para encomendarle más cada jornada.
844
Si tú estás en el mundo a cuatro patas, ¿cómo te extrañas de que los demás no sean ángeles?
845
Vigila con amor para vivir la santa pureza..., porque antes se apaga una centella que un incendio.
Pero toda la diligencia humana, con la mortificación y el cilicio y el ayuno —¡armas necesarias!—, ¡qué poco valen sin Ti, Dios mío!
846
Recuerda con constancia que tú colaboras en la formación espiritual y humana de los que te rodean, y de todas las almas —hasta ahí llega la bendita Comunión de los Santos—, en cualquier momento: cuando trabajas y cuando descansas; cuando se te ve alegre o preocupado; cuando en tu tarea o en medio de la calle haces tu oración de hijo de Dios, y trasciende al exterior la paz de tu alma; cuando se nota que has sufrido —que has llorado—, y sonríes.
847
Una cosa es la santa coacción y otra la violencia ciega o la venganza.
848
Ya lo dijo el Maestro: ¡ojalá los hijos de la luz pongamos, en hacer el bien, por lo menos el mismo empeño y la obstinación con que se dedican, a sus acciones, los hijos de las tinieblas!
—No te quejes: ¡trabaja, en cambio, para ahogar el mal en abundancia de bien!
849
Es una caridad falsa la que perjudica la eficacia sobrenatural del apostolado.
850
Dios necesita mujeres y hombres seguros, firmes, en quienes sea posible apoyarse.
851
No vivimos para la tierra, ni para nuestra honra, sino para la honra de Dios, para la gloria de Dios, para el servicio de Dios: ¡esto es lo que nos ha de mover!
852
Desde que Jesucristo Señor Nuestro fundó la Iglesia, esta Madre nuestra ha sufrido continua persecución. Quizá en otros tiempos las persecuciones se hacían abiertamente, y ahora se organizan muchas veces de modo solapado; pero, hoy como ayer, se sigue combatiendo a la Iglesia.
—¡Qué obligación tenemos de vivir, diariamente, como católicos responsables!
853
Emplea, para tu vida, esta receta: "no me acuerdo de que existo. No pienso en mis cosas, pues no me queda tiempo".
—¡Trabajo y servicio!
854
Sobre estas directrices discurre la bondad inigualable de nuestra Madre Santa María: un amor llevado hasta el extremo, cumpliendo con esmero la Voluntad divina, y un olvido completo de sí misma, contenta de estar allí, donde Dios la quiere.
—Por eso, ni el más pequeño de sus gestos es trivial. —Aprende.
San Josemaría Escrivá
Suscribirse a:
Entradas (Atom)



