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viernes, 24 de abril de 2015

Milagro en Lourdes


El primer milagro reconocido oficialmente ocurrió el mismo año de las apariciones, en 1858. Un minero Pierre Bouriette de Pic du Jer, ciego del ojo derecho desde 1938 fue a rezar a la gruta y se lavó con el agua que había surgido milagrosamente y se curó. El Dr. Dozous que lo comprobó dijo: “Si un rayo hubiera caído a mis pies no hubiera sido mayor mi espanto”.

En 1945 se reconocieron 4.372 casos de curaciones, aunque hasta ahora, sólo 67 casos han sido considerados milagrosos o inexplicables para la ciencia, según la comisión internacional de médicos. Otro de tantos milagros ocurrió el 2 de Junio de 1950 a Evasio Ganora, italiano, que desde hacía más de un año tenía la enfermedad de Hodkins, que ataca al sistema nervioso linfático. Después de meterse en la piscina fue instantáneamente curado.

Esto mismo podríamos decir de los grandes santuarios marianos del mundo. Donde la presencia de María se hace tan palpable que Jesús hace muchísimos milagros físicos y espirituales por intercesión de su Madre María, a quien como buen hijo no puede negarle nada, porque quiere hacerla feliz, concediéndole todo lo que pide. Por eso, se le ha llamado a María con razón la Omnipotencia suplicante.

Tomado del libro: Comunión de los santos, del P. Ángel Peña.

martes, 14 de abril de 2015

Los ángeles



¿Quién no ha leído en la vida de algunos santos los continuos servicios que les prestaba el Ángel de la guarda? A San Raimundo de Peñafort lo despertaba para la oración; a la Beata Francisca de los Cinco Llagas, con ocasión de tener una mano enferma, le partía el pan en la mesa; a Sta. Rosa de Lima le servía de recadero y, estando enferma, le preparó una buena taza de chocolate; a la Beata Crescencia de Hos le encendía el fuego y cuidaba las ollas para que pudiera permanecer más tiempo en oración; a San Isidro Labrador le araba los campos, cuando éste iba a asistir a la Misa...

Por todas partes estamos rodeados de ángeles. Hay ángeles custodios de las naciones, como el que se apareció a los tres partorcitos. Hay ángeles que cuidan las Iglesias, las diócesis, los pueblos... Cuando se celebra la Misa hay muchos que están presentes y lo mismo adorando continuamente al Santísimo Sacramento. San Juan Crisóstomo vio repetidas veces la Iglesia llena de ángeles durante la misa. San Bernardo recordaba a su monjes que el Oficio divino se recita en presencia de Dios y sus Ángeles... Santa Margarita María de Alacoque tenía la gracia de ver frecuentemente a su ángel y dice que no le soportaba ni la más pequeña falta de modestia o de respeto delante del Santísimo Sacramento y que siempre lo veía postrado en el suelo y deseaba que ella hiciera lo mismo.

El P. Germán de San Estanislao, director espiritual de Santa Gema Galgani, dice que muchas veces estando conversando con ella, le preguntaba si su ángel estaba a su lado y ella lo miraba y quedaba extasiada, mientras lo contemplaba. Por la noche, al echarse a la cama le pedía su bendición y que la cuidase durante la noche y al despertarse lo encontraba de nuevo allí junto a ella. A veces le daba encargos para el Señor, para la Virgen o sus Santos protectores, entregándole cartas cerradas y selladas y efectivamente le traía la contestación. Con frecuencia hasta el echaba las cartas al correo, que le llevaba o traía bajo la forma de pajarillo. En una ocasión le escribió: “Después de comer me sentí mal; entonces el ángel me trajo una taza de café, al que echó unas gotas de un líquido blanco. Estaba tan rico, que me sentí curada. Después me hizo descansar un rato y me abrazó y me besó varias veces. Me ayudó a levantarme y acariciándome me dijo: Jesús te ama mucho, ámale tú también”.

En la autobiografía de San Juan Bosco nos cuenta el caso curioso del perro Gris: “Una tarde oscura algo tarde volvía solo a casa, no sin algo de miedo, cuando veo junto a mí un gran perro, que, a primera vista, me espantó; pero, al no amenazarme con actos de hostilidad, sino haciéndome mohines como si yo fuera su dueño, nos pusimos pronto en buenas relaciones y me acompañó hasta el Oratorio. El mismo hecho se repitió otras muchas veces, de modo que puedo decir que el Gris me ha prestado importantes servicios... Nunca me fue dado conocer su dueño. Yo sólo sé que aquel animal fue para mí una verdadera providencia en los muchos peligros que encontré”. Hasta aquí las palabras de San Juan Bosco. Este perro se le apareció por espacio de 30 años y nunca lo vio comer, tenía pelo gris y medía un metro de altura con la figura de un lobo... Muchos autores han entendido que se trataría de su ángel custodio, a quien tenía una gran devoción.
San Francisco Javier, para la evangelización de los países del Extremo Oriente, puso su confianza en Jesús, la Virgen y los nueve coros angélicos, especialmente en San Miguel y afirmaba: “No espero poco del arcángel San Miguel a cuyo cuidado he encomendado este gran reino del Japón. Cada día me encomiendo a todos los ángeles custodios de los japoneses”. Del Santo Cura de Ars se cuenta que al divisar por primera vez el pueblo al que iba a ser destinado se arrodilló y se encomendó al ángel custodio de la parroquia.

Otra santa bendecida abundantemente con la visión de su ángel custodio fue la sierva de Dios Sor Mónica de Jesús. Con frecuencia le llevaba la comunión, cuando estaba enferma, y le daba pláticas espirituales. En carta del 8 de Mayo de 1918 a su Director el P. Cantera le decía: “En mi día, muy temprano, vino primero el “hermano mayor” (su ángel) y al poquito rato vino Jesús. ¿Y sabe lo que le hizo el hermano mayor? Siempre, cuando viene Jesús, se postra un poquito retirado, pues en mi día no hizo eso.
Me tomó de la mano y me presentó a Jesús. Después vino la Madre de Jesús e hizo lo mismo. Después vino nuestra Madre Santa Mónica y me presentó también... Cuando se fue Jesús y su Madre, se quedó el hermano mayor dándome noticias. Me dijo que se habían confesado cinco almas, que hacía tiempo se lo estaba pidiendo, y que me lo hacía de regalo”.

Y ahora un caso real que nos puede pasar a cualquiera de nosotros. Lo cuenta Giovanni Siena en su libro: “Padre Pío, ésta es la hora de los ángeles. Se trata de Atilio de Sanctis, abogado, hombre ejemplar y buen cristiano, de la provincia de Pésaro en Italia. El 23 de Diciembre de 1949 debía ir de Fano a Bolonia en su Fiat 1100 con su mujer y dos hijos (Guido y Juan Luis) para recoger a su hijo Luciano, que estaba estudiando en el colegio “Pascoli” de Bolonia. Hicieron el viaje sin contratiempos y al regresar ocurrió el suceso. “Eran las dos de la tarde y, después de haber cedido el volante a Guido, quise probar a manejar de nuevo. Noté cierto cansancio y pesadez de cabeza. Quise después de un rato ceder de nuevo el volante a Guido, pero éste estaba durmiendo. Recuerdo que hice poco después alguna que otra reverencia y nada más sé lo que sucedió. A un cierto momento recobré el conocimiento, despertando bruscamente por el rumos ensordecedor del auto, como si hubiese apretado el acelerador, miré adelante y sólo faltaban dos kilómetros para Imola. Fuera de mí por la consternación, pregunté: ¿Quién ha conducido el auto? ¿Qué ha pasado? Ellos me respondieron: ¿A qué viene esa pregunta? Les expliqué lo sucedido. Había recorrido unos 27 kilómetros totalmente dormido y, como prueba, les dije que me sentía bien, libre del peso del sueño. Ellos reconocieron que había estado inmóvil un largo rato y que no había respondido a sus preguntas ni intervenido en la conversación. A veces, dijeron, parecía que el auto iba a chocar con algún otro, pero había girado hábilmente. Había cruzado muchos camiones entre los cuales el conocido comisionista Renzi... Totalmente conmocionado por este suceso, que le podía haber costado la vida a mi familia fui a San Giovanni Rotondo el 20 de Febrero y le conté al P. Pío (ahora San Pío de Pietrelcina) lo que me había pasado y él me contestó, después de haber estado un poco absorto: “Tú dormías, pero tu ángel custodio guiaba el auto”. Después apoyando su mano en mis hombros, añadió: “Sí, tú dormías y tu ángel custodio velaba por ti y guiaba el auto”.

¿De cuántos peligros del alma y del cuerpo nos habrá librado nuestro ángel? ¿Se lo hemos agradecido alguna vez? No olvidemos que así como existen los ángeles existen los demonios, que tratan de destruirnos física y espiritualmente. Por eso es muy importante rezar todos los días la oración de San Miguel, usar el agua bendita, tener imágenes religiosas bendecidas en nuestro hogar y hacer mucha oración. La beata Ana Catalina tenía el gran don de la hierognosis (conocimiento de lo sagrado). Distinguía perfectamente la hostia consagrada de la que no lo estaba, las reliquias auténticas de las que no lo eran, las imágenes benditas de las que no lo estaban. Ella dice: “Es tan grande la virtud de la bendición sacerdotal que penetra y consuela hasta en el purgatorio. Cuando era niña yo percibía como rayos los efectos de la bendición sacerdotal. Veía cómo el sonido de las campanas benditas ahuyentaban a los demonios. Cuando algún sacerdote pasaba cerca de mi casa, corría a su encuentro y le pedía una bendición. Si me encontraba apacentando las vacas, las dejaba al cuidado del ángel de mi guarda y acudía a recibir la bendición”.

Tomado del libro: Comunión de los santos, del P. Ángel Peña

lunes, 13 de abril de 2015

Las almas del purgatorio


Todos los santos han creído en el purgatorio y han orado intensamente por las almas que allí están necesitadas. Santa Catalina de Génova tiene todo un tratado sobre el Purgatorio y sus experiencias personales. La beata Ana Catalina afirma en sus Obras: “Siendo ya mayor iba a Misa temprano a Koesfeld y para orar mejor por las Ánimas benditas tomaba un camino solitario. Muchas veces las veía de dos en dos delante de mí como brillantes perlas. El camino se me hacía claro y yo me alegraba de que las ánimas estuvieran en torno mío y me ayudaran, porque las amaba mucho”... “Con frecuencia mi ángel me exhortaba a ofrecer por ellas mis sufrimientos y yo lo enviaba a mover los corazones de los enfermos para que también ellos ofrecieran sus sufrimientos por estas almas necesitadas”.

Santa Gema Galgani escribe en su diario: “Hoy deseo padecer por los pecadores y en especial por las almas del purgatorio, en particular por N.N.--- Me ha dicho mi ángel custodio que esta tarde Jesús quiere hacerme sufrir algo más por un alma del purgatorio”. Igualmente Santa Verónica Giuliani en su
Diario escribe: “Mi ángel me obtuvo que una de estas almas me hablase y me dijo: Tened compasión de mí. No hay criatura viva que pueda penetrar lo atroces que son estas penas. Tened compasión de mí. La encomendé a la Virgen y me pareció ver la dicha de esa alma que me dijo: Ahora he sabido que presto saldré de aquí por vuestra caridad. Gracias... Al poco tiempo la vi libre de las penas y toda bella y gloriosa con un grandísimo esplendor. Parecía un nuevo sol y puesta junto al sol natural, ella habría sido más luminosa, y el sol mismo, junto a ella, parecía tinieblas”.

Santa Margarita María de Alacoque en carta de abril de 1683 dice: “Nuestra Madre me permitió pasar toda la noche del Jueves Santo a favor de las Almas del Purgatorio delante del Santísimo Sacramento y allí estuve rodeada de estas pobres almas con las que he contraído una estrecha amistad, y a las que llamo mis amigas pacientes”... En su autobiografía escribe: “Estando un día ante Jesús Sacramentado, de repente se me presentó una persona rodeada de llamas por todas partes y me dijo: Le ruego me aplique por espacio de tres meses los méritos de todas sus obras y oraciones... Así lo hice y al cabo de tres meses la vi de nuevo resplandeciente de gloria y subir al Cielo, prometiéndome ser mi protector ante Dios”. En carta de 2 de Mayo de 1683 nos dice que “esta mañana, domingo del Buen Pastor, dos de mis buenas amigas pacientes han venido a decirme adiós en el momento de despertarme. Una de ellas era la buena Madre Monthoux y la otra Juana Catalina Gascón, que me repetía sin cesar: El amor triunfa, el amor goza... Como yo les rogara que se acordasen de mí, me han dicho que la ingratitud jamás ha entrado en el cielo”.

Estas almas benditas, no sólo quieren nuestra , sino que también nos pueden ayudar si las invocamos. En la vida de la Beata Sor Ana de los Ángeles, gran devota de estas almas, cuenta la testigo Sor Juana de Sto. Domingo que un día tenía hambre y Sor Ana le dijo que le trajera el breviario para rezar juntas por las almas del Purgatorio para que les enviaran alimentos. Pues bien, antes de terminar de rezar el Oficio de Difuntos, mandaron llamar a la portería a Sor Ana y ésta le dijo a Sor Juana: ¿No te he dicho que las almas nos mandarían de comer? Vete tú misma a la portería y recibe lo que traen. Allí se presentó un joven de buen aspecto que les traía panes, quesos, harina y mantequilla”. Y ¡cuánto más nos podrían ayudar, si les pidiésemos ayuda!

Tomado del libro: Comunión de los Santos, del P. Ángel Peña

jueves, 9 de abril de 2015

Presencia de los santos


Los santos no viven aislados en su mundo celestial, sino que nos aman, nos ayudan y se preocupan de nosotros. Según los Anales de la Propagación de la Fe, desde 1898 se anotan muchos casos palpables de la intercesión de Sta. Teresita del Niño Jesús en países de Misión. El P. Roulland (su hermano espiritual) decía: “Yo puedo atestiguar que en nuestras misiones del Japón, de la China y de las Indias no sólo está muy extendida la confianza en la santidad y en el poder intercesor de Sta. Teresita, sino también que ella ejerce una influencia admirable en la conversión de las almas y en su adelanto en la virtud. Particularmente en el Japón hay muchas religiosas trapenses que dicen deben su vocación a la acción de Sor Teresita, cuya vida han leído”.

También en África se ha dejado sentir su presencia. Uno de los Padres Blancos escribía en Diciembre de 1910: “En casi todas las chozas de nuestros cristianos hemos colocado imágenes de la joven santa... Pues bien, los paganos vienen al catecismo en masas compactas de forma tal que el domingo el patio de esta misión rebosa de gente”. En la primera guerra mundial se hizo con frecuencia presente visiblemente entre los soldados franceses, que la invocaban en medio del peligro, de modo que la llegaron a llamar la “hermanita de las trincheras”. Uno de ellos afirma: “Se manifiesta siempre blanca, luminosa, sonriente lo mismo a los encantadores ojos de inocentes niños que a los viejos soldados corrompidos, que quieren lavarse con sus lágrimas. Ella deja, en habitaciones del todo cerradas, rosas maravillosas y se siente un perfume misterioso, indeciblemente dulce”. Fueron incontables las balas detenidas por una reliquia, medalla, estampa o folleto de Teresita. Muchos de estos escudos milagrosos se encuentran actualmente en el Carmelo de Lisieux y en ellos puede verse la señal del proyectil desviado o aplastado. Y esto no sólo para los franceses, sino
también para algunos católicos del ejército alemán, que le invocaron con fe. Un prisionero alemán estaba moribundo y cuenta cómo se le apareció durante la noche y lo curó milagrosamente. El P. Bourjade, héroe de la aviación francesa y después Misionero del Sagrado Corazón, tenía el retrato de Sta. Teresita en las alas de su avión y atestigua haber sido salvado de una muerte segura en más de 10 ocasiones. Sobre éstos y otros casos puede consultarse el libro “Santa Teresa del Niño Jesús” (según los documentos oficiales del Carmelo de Lisieux) de Mons. Laveille.

Esto mismo podríamos decir de todos los santos, que nos ayudan en la medida en que los invocamos. Es conocido y famoso el caso de la sangre de San Jenaro en Nápoles y de San Pantaleón en Madrid, que desde el año 305 en que murieron los mártires, la sangre se licúa cada año el día de su fiesta. Como si quisieran decirnos con este milagro inexplicable que están vivos y se hacen presentes entre nosotros para ayudarnos. La beata Ana Catalina Emmerick nos cuenta entre otras muchas cosas la visión de San Ignacio de Loyola y dice: “Me consoló mucho y me prometió que sería mi amigo, que me ayudaría en mis trabajos y me aliviaría en mis enfermedades”.

¿Y qué podríamos decir de tantas bendiciones recibidas por los devotos ante la tumba de los santos o a través de sus reliquias? ¿Cuántos milagros y conversiones conseguidos por su intercesión? Ya desde Tertuliano se afirmaba que la sangre de los mártires era semilla de nuevos cristianos. Con frecuencia se da el caso de la conversión o acercamiento a Dios de familias enteras a la muerte de la madre.. Una buena madre es una bendición no sólo en esta vida, sino también después de su muerte. Un obispo me habló en una ocasión de la devoción que tenía a su madre difunta y cómo la invocaba en todos sus problemas y la ayuda que recibía de ella. Y esto lo puedo asegurar por experiencia personal.

Como vemos, los santos son felices y se acercan como amigos para ayudarnos y compartir con nosotros su felicidad.

Tomado del libro: Comunión de los Santos, del P. Ángel Peña

miércoles, 8 de abril de 2015

Don de bilocación


Hay muchos santos que han tenido este don para trasladarse a lugares lejanos y ayudar a otros que se encontraban en peligro o en gran necesidad. En la vida del Padre Pío de Pietrelcina (hoy San Pío de Pietrelcina) se cuenta que, estando en su convento de San Giovanni Rotondo, se le vio en la Plaza de San Pedro el día de la canonización de Santa Teresita del Niño Jesús. Por otra parte, en una carta que escribió el día 10 de Octubre de 1914 afirmaba: “El Señor me concedió hacer una visita a Giovina y por mi medio le dio muchas gracias el buen Jesús”. Con frecuencia se hacía presente en ciertos lugares por medio de un perfume divino, que llenaba de paz.

De San Antonio se cuenta que mientras predicaba en Padua, fue visto en Lisboa defender ante el tribunal a su propio padre, acusado de homicidio.

San Alfonso Mª de Ligorio estando en Norcia dei Pagani fue visto en Roma a la cabecera de la cama de Clemente XVI moribundo.

La Beata Sor Ana de los Ángeles fue vista con frecuencia por los campos de Arequipa, ayudando a los indígenas, estando encerrada en su convento de clausura.

Según los documentos de canonización del Archivo Secreto del Vaticano, volumen 1292, folio 386, los testigos fray Jacome de Acuña y fray Antonio José de Pastrana, certifican de San Martín de Porres: “Que estando en la hacienda de Limatambo, en algunas ocasiones, en los días de Comunión se transportaba e iba a socorrer a los pobres enfermos y necesitados del Japón, Argel, China y Berbería... y por casos que se averiguaron estuvo también en Bayona de Francia en un hospital que hay en dicha ciudad y dispuso y fundó otro en Barbería para los cristianos cautivos y estuvo en el Japón consolando a los nuevos convertidos”.
¡Ojalá que la Comunión de los Santos comience con la oración de unos por otros y la ayuda mutua de los que vivimos aún en la tierra!

Tomado del Libro: Comunión de los Santos, del P. Ángel Peña

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