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¨Camino¨

martes, 26 de mayo de 2015

Sed santos!



Ése es el grito de Jesús. Sed santos como vuestro Padre celestial es santo (Mt 5,48). Jesús quiere nuestra felicidad y, por eso, nos invita a ser santos, es decir, a caminar sin cesar por el camino del amor, que es el camino de la santificación personal. Ya en el Antiguo Testamento Dios nos decía: Sed santos, porque yo vuestro Dios soy santo (Lev 19, 2; 20, 26). Sí, la voluntad de Dios es nuestra santificación (1 Tes 4, 3). Y los santificados en Cristo Jesús estamos llamados a ser santos (1 Co 1, 2). La misma Iglesia nos invita a ello: Todos los cristianos, de cualquier estado o condición, están llamados cada uno por su propio camino a la perfección de la santidad (Cat 825). El mismo concilio Vaticano II insistía: Estamos invitados y aun obligados todos los fieles cristianos a buscar insistentemente la santidad y la perfección dentro del propio estado (Lumen gentium 42).

Dios lo quiere ¿y tú? Ciertamente que no es fácil. Hay que comenzar, como diría santa Teresa de Jesús, en tener una determinada determinación, una decisión seria de ser santos y pedir esta gracia constantemente y poner de nuestra parte. También es muy importante dejarse guiar por algún director espiritual experimentado. Y cumplir fielmente las obligaciones personales. Un medio necesario es el acudir lo más frecuentemente posible a Jesús Eucaristía, recibiéndolo en la comunión y visitándolo siempre que podamos ante en el sagrario.

El amor a María es también indispensable, pues no ha habido ningún santo del Nuevo Testamento que no haya tenido amor a María, ella es el mejor camino para llegar a Jesús y, por Jesús, al Padre. Pide al Espíritu Santo que llene tu corazón de amor para que cada día ames más a Dios y a los demás. Y no tengas miedo, haz lo que puedas, no te pongas nervioso o impaciente, si ves que no avanzas mucho. Dios tiene sus caminos, que son diferentes para cada uno. Ofrécele tu deseo de santidad para que te haga santo tal y como Él quiere y cuando Él quiera. Porque puede dejarte en tus defectos toda la vida y, en el último instante, puede elevarte a la más alta santidad. Para Dios no hay nada imposible y no se deja llevar de esquemas preestablecidos. Sin embargo, expondremos algunas experiencias más comunes de los místicos en su camino hacia el matrimonio espiritual.

Tomado del libro: Experiencias de Dios, del Padre Ángel Peña

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