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¨Camino¨

lunes, 25 de mayo de 2015

Tema 1: El músico en la comunidad cristiana



I. Piedras Vivas

Dios mismo es comunidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, y al crearnos a su imagen y semejanza puso en nosotros también esa naturaleza comunitaria, pues no es posible que exista el amor si no existen personas a nuestro alrededor a quien podamos amar.

Por eso Cristo, aunque nos llamó a cada uno a seguirle de manera personal, quiso que viviéramos nuestro discipulado en la Iglesia, es decir, en comunidad.

La palabra comunidad (de “com” “moenia”) significa “fortaleza común”, o “con fortificación”, es decir, un baluarte, una ciudad amurallada, un sitio seguro y rodeado de personas que se protegen y ayudan unas a otras.

La Palabra de Dios nos dice como debemos ser parte de una comunidad:

1 Pedro 2,4 Acercándoos a él, piedra viva, desechada por los hombres, pero elegida, preciosa ante Dios, también vosotros, cual piedras vivas, entrad en la construcción de un edificio espiritual, para un sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales, aceptos a Dios por mediación de Jesucristo.

Así pues, la comunidad no es algo opcional, es parte de nuestro llamado a seguir a Cristo. Sería arrogante pensar que no necesitamos de los hermanos para cumplir nuestra vocación, pues Cristo mismo fundó la primera comunidad de discípulos. Estaban los 12 apóstoles, estaban los “70 discipulos” (Lucas 10,1-4) y estaban Pedro, Santiago y Juan

San Pedro nos dice que somos piedras vivas de un edificio espiritual, y cada piedra tiene su lugar en el edificio. Si quitas una piedra del edificio, lo debilitas, a cada piedra le corresponde un LUGAR ESPECIFICO. Así a cada persona, en la comunidad, le corresponde un ministerio, un servicio y una responsabilidad especificas.

Dice la madre Teresa de Calcuta que Dios repartió dones diferentes a cada persona para la humildad y para la unidad.. Para la humildad porque es preciso reconocer que yo no tengo todos los dones, y que mis hermanos tienen los dones que yo no tengo. Y para la unidad porque al reconocer en mi hermano los dones que yo no tengo, puedo, uniéndome a él, tener esos dones a mi alcance, en mi hermano.

Como dice San Pablo en 1 Corintios 12,4-30:

Hay diversidad de carismas, pero el Espíritu es el mismo; diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo; …Porque en un solo Espíritu hemos sido todos bautizados, para no formar más que un cuerpo, judíos y griegos, esclavos y libres. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu.

Así también el cuerpo no se compone de un solo miembro, sino de muchos. Si dijera el pie: «Puesto que no soy mano, yo no soy del cuerpo» ¿dejaría de ser parte del cuerpo por eso?…

…Y no puede el ojo decir a la mano: «¡No te necesito!» Ni la cabeza a los pies: «¡No os necesito!» ...Si sufre un miembro, todos los demás sufren con él. Si un miembro es honrado, todos los demás toman parte en su gozo...

...Ahora bien, vosotros sois el cuerpo de Cristo, y sus miembros cada uno por su parte...

La complementariedad e interdependencia de los miembros de nuestro cuerpo nos demuestra también nuestra complementariedad e interdependencia como miembros del Cuerpo de Cristo.

Por eso, nuestros dones y habilidades de servicio, y también los dones creativos y artísticos, florecen y dan mayor fruto en el contexto de la comunidad.

II La historia de los artistas en comunidad

Veamos como esto sucedió en la historia:

Durante el Renacimiento, existieron comunidades y escuelas de arte que dieron como resultado un gran florecimiento de la creatividad, de la fe y de las artes. Miguel Ángel, Rafael, Leonardo da Vinci, y muchos otros pintores y músicos pertenecieron a estas escuelas/comunidades, en donde el ambiente era propicio para aprender, para experimentar, para recibir una sana crítica de los maestros y aprendices mas avanzados. En general en estas escuelas/comunidades todo se daba en un contexto de RESPETO y de CONFIANZA.

También en el Antiguo Testamento, la construcción y embellecimiento del Templo, y el ministerio profético y de los Cantores/sacerdotes, se dio siempre en un ambiente de comunidades, incluso de familias.

Los mismos cantos inspirados e himnos de los que nos habla el Nuevo Testamento se daban, no en solitario, sino en las Asambleas de Oración de las comunidades, como lo vimos en la charla pasada.

No obstante, en la era moderna surgen los pintores y músicos solitarios, que vivían en un ambiente mas aislado, mucho menos comunitario y muchas veces mas cargado de individualismo. Vemos así a grandes genios como Mozart que viven una tragedia personal y mueren a veces solos y abandonados. Mozart fue enterrado en una fosa común! Evidentemente Mozart aún siendo un gran músico, no fue un hombre muy feliz que digamos, y fracasó en muchos otros aspectos de su vida personal y afectiva.

Como Mozart nos encontramos también a muchos otros artistas de esta época: Romanticismo, impresionismo, modernismo…que sufrieron de esa soledad, y que en aquel individualismo fueron artistas admirables, pero llenos de sufrimientos e incomprensiones.

Como veremos enseguida, en la época moderna existen muchos obstáculos para que un músico pueda vivir en comunidad y pueda recibir ese apoyo que recibían en el Renacimiento los artistas.

III. El aprendiz en la Comunidad

Aprender: 
Ser miembro de una comunidad hace muy natural y llevadero el aprendizaje. Las personas que te enseñan son hermanos a quienes tu respetas y admiras, hermanos que te aman con el amor de Cristo y te pueden enseñar con genuino deseo de que mejores. En cambio, fuera de la comunidad todo aprendizaje se dificulta por el sentido de competencia, de desconfianza y de falta de respeto y amor. No estas seguro de la lealtad ni de las intenciones de las personas de quienes pudieras aprender y eso te produce inseguridad.

Recibir Crítica y Corrección Fraterna: 
Cuando compuse mis primeras canciones recuerdo que me reunía con otros hermanos de mi comunidad y se las presentaba. Recibía siempre críticas y comentarios en amor y respeto, que me permitían corregir y mejorar las canciones.

Recuerdo también, que cuando llegué a cometer errores en mi servicio de la música, mis hermanos me corregían con firmeza, pero siempre con amor y respeto. Recuerdo que muy frecuentemente llegaba tarde a las reuniones de la comunidad y la música se veía afectada porque no instalábamos bien el equipo ni orábamos; hasta que un día mis hermanos Francisco Figueroa (Ahora Sacerdote, y un gran hombre de Dios) y John Keating, (soltero consagrado y compositor de muchas canciones), me llamaron aparte y me reprendieron severamente por mi irresponsabilidad. Ambos son hermanos a los que yo quiero y admiro muchísimo, por lo que su reprensión me caló hondo…

Nunca mas volví a llegar tarde.

Colaboración, no competencia
En el seno de la comunidad hay muchas oportunidades de colaboración, porque hay muchos servicios que prestar. Esto se hace siempre como Cuerpo de Cristo, cada miembro ayudando a los demás, y nunca en un ambiente de competencia.

En cambio, en el mundo, los artistas y en especial los músicos, se ven expuestos a fuerte competencia entre ellos, lo que no permite que se ayuden ni que aprendan unos de otros. El mejor ejemplo de eso es una cosa que se llama “La Academia” que hay aquí en México, y en la que cada cierto tiempo van eliminando a un “aprendiz de artista” hasta que se quedan con el “mejor cantante”. Luego sacan un disco y lo venden y hacen mucho dinero a costa de estos pobres muchachos, a los que convierten en “artistas desechables”, de “música chatarra”.

Es una cosa horrible! Yo he sabido por personas que estuvieron allí y que se sintieron explotados, que a los pobres muchachos les destruyen sus sueños y sus aspiraciones con críticas totalmente destructivas, los pobres salen llorando y todos traumados de esa experiencia.

Es justo lo opuesto de lo que se vive en la comunidad, en donde todos estamos allí para quedarnos siempre, independientemente de que seamos “buenos o malos músicos”, porque somos primeramente hermanos en Cristo, hijos de Dios, miembros de la Iglesia.

Sin miedo a equivocarme
En la comunidad, el ambiente es propicio para que surjan muchos talentos, que puedan experimentar cosas nuevas, sin temor a equivocarnos, porque si nos equivocamos sabemos que nuestros hermanos nos lo dirán honestamente mediante críticas respetuosas, constructivas y amorosas.

La crítica en el mundo en cambio llega tarde para el músico. Muchas veces llega como una recomendación en las revistas o periodicos: “No compres tal o cual disco, es basura”

O bien, “el mejor disco del año es tal o cual”…

Para entonces, el pobre músico ya malgastó su tiempo, su dinero y su esfuerzo en un estilo o en una experiencia musical que resultó que “no tiene mercado”…

En la comunidad, sabemos que nuestras canciones se van primero a probar en la oración de las asambleas, que nuestros hermanos mayores en la fe nos dirán como podemos mejorar, y por eso puede florecer mucho mas nuestro carisma.

IV. La vida en Comunidad: Un Don de Dios

Protección para nuestra vida

Como músicos, necesitamos de un ambiente que nos proteja y nos apoye. A veces nos podemos sentir fracasados o hundidos en depresión, porque tal o cual cosa no va bien. Aunque seamos tan capaces como Mozart, es decir genios musicales, no estamos exentos de estos altibajos en nuestra vida personal.

Tampoco estamos exentos de cometer faltas y pecados, y especialmente como músicos estamos expuestos a las tentaciones de soberbia, envidia, división, arrogancia, y a llevar una doble vida entre ser “cantores públicos” y “pecadores privados”.

La comunidad nos protege de estos riesgos si vivimos en la luz y compartimos activamente nuestra vida y nuestras luchas con hermanos maduros y formados en Cristo, en grupos pequeños de revisión de vida o “grupos célula” o “grupos de compartir”. En ese ambiente, podemos recibir apoyo y dirección de nuestros hermanos y dar y recibir ánimo e intercesión para seguir adelante.

Miembros del Cuerpo de Cristo para siempre

Hay épocas de nuestra vida en que tenemos que dejar de servir como músicos, y el pertenecer a la comunidad nos reafirma siempre que nuestra identidad es ante todo hijos de Dios, y que ser músicos es secundario. A veces por un cambio de vida: matrimonio, estudios, trabajo, enfermedad, dificultades económicas o familiares, tenemos que dejar el servicio, pero no por eso debe afectarse nuestra identidad.

Fuera de una comunidad podemos sentirnos atrapados en la trampa de creer que nuestra valía y nuestra identidad proceden únicamente de lo que hacemos, del servicio que prestamos etcétera. Y no se diga en el mundo: El músico que deja de cantar o de producir es “desechado” como si fuera un objeto inútil.

En la comunidad, somos hermanos para siempre, y aunque dejemos de servir, seguimos siendo hermanos, ese vínculo de ser miembros del Cuerpo de Cristo nunca se rompe, es más, el cuerpo vela especialmente por sus miembros afligidos, heridos o en desgracia, por los que sufren. Me encanta la comparación del dedo meñique del pie, que dice mas o menos así:

Imagínate que eres miembro de una comunidad y hay un hermano con el que tienes poca relación. Un día ese hermano se enferma y se queda sin trabajo. Tú pudieras decir: “Bueno, en realidad yo no tengo mucha relación con ese hermano, por lo que no estoy obligado a ayudarle… Es mas casi no lo conozco, por lo que se vería muy mal que yo le ayudara…”

Ahora piensa que eres la mano en el Cuerpo de Cristo, y que ese hermano es el dedo meñique del pie. De pronto el dedo meñique recibe un golpe. ¿Qué hace el cuerpo? ¡Inmediatamente todo el cuerpo reacciona para sobarse el dedo, para protegerlo y sanarlo! Imaginate que tú, como la mano del Cuerpo dijeras: “Bueno, yo no tengo relación con ese dedo meñique DEL PIE, convivimos muy poco, está tan lejos allá abajo…” CLARO QUE NO!!, por el contrario, tú de inmediato, en un acto reflejo vas y ayudas al dedo lastimado junto con todo el Cuerpo.

Así es la Comunidad. A veces nos toca ser mano, y a veces nos toca ser dedo meñique del pie, y recibir un pisotón, para luego recibir el amoroso cuidado de nuestros hermanos.

Lugar de Fiesta y de Perdón:
En donde hay amor hay corazones abiertos, y por lo tanto vulnerables. Como dice Jean Vanier, en su libro “Comunidad, Lugar de Fiesta y de Perdón”, la comunidad es el lugar en donde mas heridas recibimos, mas golpes, mas ofensas, porque nos hacemos vulnerables a nuestros hermanos.

Cristo mismo se hizo vulnerable por amor y murió en la Cruz!! Si tememos ser heridos, terminamos por levantar muros de indiferencia, barreras de incomunicación, y ya no seremos heridos, pero ya no podremos amar y dejaremos de ser comunidad.

La solución es, y así lo planeó Cristo mismo, que en la comunidad aprendamos a celebrar continuamente el PERDON. En la comunidad estamos llamados a “florecer desde nuestras heridas”, y a que nuestros frutos mas hermosos sean justamente aquellos que surjan de nuestras heridas. Dado que hay mucha interacción y nuestro corazón esta abierto y vulnerable, tenemos que perdonar y ser perdonados muy seguido… Hasta 70 veces Siete!!

Como las llagas de Cristo, algunas heridas que recibimos en la comunidad nunca se cierran, pero se convierten en ventanas de santificación, y de ellas florecen los mejores frutos de misericordia, perdón y compasión.

Yo ya tengo 25 años en la comunidad Jésed, y creo que ya le conozco todos los defectos a mis hermanos de comunidad. Aunque la comunidad ha crecido mucho últimamente (somos mas de 600 miembros) y con algunos hermanos tengo poca relación o casi no los conozco.

Pero de los “viejos hermanos”, ya se cuales siempre se equivocan en tal o cual cosa, quienes son impuntuales, quienes piden libros prestados y no los devuelven y quienes son desordenados. De estas y otras cosas que no voy a decir porque los amo, ya los he perdonado muchas veces, y ellos me han perdonado a mí de muchas cosas que no diré.

Ciertamente mis hermanos han cambiado un poco con los años, pero no mucho. Yo también creo que he cambiado, creo que he mejorado un poco en 25 años, pero sigo teniendo los mismos defectos, y mis hermanos me siguen perdonando.

En la comunidad, el perdón y la fiesta son el pan de cada día.

V. Diversas formas de Comunidad

Hablar de comunidad requeriría de todo un tratado. Recomiendo muchísimo leer ese libro de Jean Vanier que cité arriba: “Comunidad Lugar de Fiesta y de Perdón”.

Baste aquí decir que existen muchas formas de comunidad, pero Dios a todos nos llama a vivir comunidad de una u otra forma, en mayor o menor grado.

Comunidades super-cercanas

La familia, las casas de las congregaciones religiosas, las comunidades de alianza que viven juntos, las fraternidades que comparten un mismo techo son este tipo de comunidad.

Comunidades Cercanas
Las comunidades de alianza, los grupos apostólicos con grupos de compartir o grupos de “revisión de vida”, las familias religiosas son este tipo de comunidad

Comunidades Parroquiales y diocesanas
Las parroquias, las diócesis, etc… conforman este nivel mas amplio y abierto de comunidades.

Primera identidad: La Iglesia Católica
Antes que ser miembros de tal o cual comunidad somos miembros de la Iglesia Católica, y esa es nuestra identidad fundamental: Hijos de Dios, bautizados en el seno de nuestra Santa Madre Iglesia. Eso no es impedimento para que nuestras relaciones mas intensas se den en un contexto comunitario mas pequeño, mas intimo y familiar. Por eso la familia es la “Iglesia doméstica por excelencia” porque aunque no agota ni abarca a toda la Iglesia, tiene en sí los elementos fundamentales de la comunidad: Amor y Compromiso (Que por cierto esto significa Jésed: Amor misericordioso y comprometido).

Por eso Dios nos llama estrechar lazos y vínculos de amor y de compromiso con nuestros hermanos, y a tener misericordia unos con otros, evitando el “capillismo” es decir, el aislamiento del grupo respecto del resto de la Iglesia; dando mas prioridad y continuidad a aquellos hermanos con los que nos hayamos comprometido a formar una comunidad, pero no renunciando jamás a servir y a amar a los hermanos que por su lejanía o por “no ser miembros de mi comunidad” son el “dedo meñique” del Cuerpo de Cristo.

VI. Oración Final

Padre Celestial, en el nombre de Jesús, te pedimos que nos des el don de formar en torno nuestro verdaderas comunidades de amor, de fidelidad y de compromiso, donde puedan florecer los dones que nos has dado, para la Gloria de tu Nombre y para bien de toda tu Iglesia.

Te pedimos especialmente por nuestros hermanos músicos que están solos, que no tienen una comunidad cercana que les apoye. Dales tu amor y tu consuelo en sus momentos difíciles. Provéeles, Señor de una comunidad, guíalos a donde tú quieres que ellos se integren, y pon en su camino a hermanos y hermanas que les puedan apoyar y formen con ellos una gran familia de familias.

Amen.

Si tienes dudas o comentarios de los temas escribe a la siguiente direccion: 

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